Rosa Terán no pierde la tradición de preparar tamales

gastronomiaIBARRA. Rosa Terán tiene 78 años, pero si alguien la recuerda, ella vendía los deliciosos tamales en un local ubicado en la calle Colón y Olmedo, donde estuvo 20 años ofreciendo a los ibarreños y visitantes que llegaban de las diferentes ciudades.

Para ella era una tradición conocida, donde se vendía bien. “Hasta ahora la gente me busca, algunos no saben dónde estoy”.

Cuenta que hay personas que la encuentran en la calle, y ella les da la dirección donde atiende ahora, en la calle Juana Atabalipa y Espinosa de los Monteros.

Ella luce un delantal rojo con pequeños filos negros, y en su cabeza lleva puesto un gorro blanco, que hacen juego con sus aretes del mismo color.

Se sienta en uno de los bancos de madera y apoya sus manos sobre la mesa, afuera de la tienda de su hija, donde está viviendo ahora.

“La gente viene hasta acá porque ya conocen qué clase de tamales son”. Rosa o ‘Rosita’ dice que aprendió de una señora que salía en la televisión. “Vi la receta y lo hice por primera vez en la casa, pero como nos gustó tanto, empecé a trabajar aquí en Ibarra”.

MOTIVO

Durante ese tiempo pensaba en qué hacer para la época navideña. “No atinaba qué hacer”, pero luego pensó y dijo: “voy a hacer los tamales que aprendí en la tele”. Hizo los tamales y le gustó mucho a la gente.

Como toda una experta explica que la preparación es un poco difícil. “Toca cocinar la masa y cuando ya esté bien fría, el secreto, secreto del tamal es refregarle bien, bien para que la masa quede como una gelatina, bien suavita”.

Cuando esté preparada esta masa, Rosa indica que se hace un condumio “puede ser de pepa o maní, se le pone pollo, pasas, huevito duro y si quieren algún adornito más, que es el ají”.
Según el tamaño de la olla, el tamal debe estar cocinándose una hora o una hora y media.

Durante este mes Rosa llega desde Quito a la Ciudad Blanca para preparar los tamales, esto lo hace cada año para visitar también a su hija, Jenny Páez.

Esta emprendedora espera que su hija, Jenny, siga los mismos pasos y no pierda la tradición de la preparación. Con su voz de tono suave y baja, dice que toda la vida no va a hacerlo.

PEDIDOS

“Quiero que sigan la tradición porque es un tamal que le gusta a la gente y no hay que perderlo”.

Rosita vende este tradicional plato a los hoteles y a la gente que lleva para los negocios o para servirse en la casa. “Vienen y hacen su pedido. Si quieren de sal o quieren de cuero, o de carne de chancho, cuando desean ese tamal me piden con tiempo”.

LA PREPARACIÓN Y AYUDA

Rosita Terán vive en Quito, pero cada año, por esta temporada, llega hasta la casa de su hija Jenny, ubicada en la calle Juana Atabalipa y Espinosa de los Monteros, para preparar y ofrecer los tamales hasta el 10 de enero.

Jenny también ofrece en su tienda almuerzos, fritadas, chochos con tostado, quimbolitos, humitas, víveres, frutas. Empezó vendiendo almuerzos, donde tuvo buenos resultados por las construcciones alrededor.

Jenny ha salido adelante con su tienda, sola y sin ningún capital. Ahora está dedica a ayudarle a su mamá con los tamales. Cuando Rosita se va, ella sigue con esta tradición hasta marzo o abril.

Vive con su esposo y tres hijos, ahora tiene la compañía de Rosita, con ella se levanta a las 04:00 para empezar con la preparación de esta tradicional comida, las dos terminan el tamal a las 11:00.