River Plate llora su descenso

altARGENTINA. Tras el descenso, la pena de los hinchas de River Plate se transformó en ira y ésta en una “guerra civil” en el estadio y los alrededores. Los 2.500 policías no pudieron contener a los más radicales, que accedieron a la zona noble del estadio rompiendo todo a su paso.

No pudieron ganar.  Su objetivo era arrasar la sala de trofeos, que había sido fortificada horas antes. Los jugadores locales pasaron allí la noche para evitar sumarse a la lista de heridos (43 al cierre de esta edición) mientras los directivos se refugiaban en el vestuario.

La batalla se había desatado fuera y era por su culpa. Los catorce millones de aficionados que por todo el mundo llevan una banda roja cruzada en el pecho lloraron el descenso a Segunda de su equipo del alma.

River Plate manchó 110 años de brillante historia con un descenso que llevaba tiempo amenazándolo y que se hizo realidad con un triste empate (1-1). Los catorce millones de hinchas «millonarios» llevaban varias noches sin dormir esperando el choque de vuelta de la promoción ante Belgrano. No veían el momento de comenzar a remontar los dos goles de desventaja que se trajeron de Córdoba.
 
Se fue a la serie B. Los allí presentes y los catorce millones que viven por el mundo se ilusionaron con el madrugador gol de Pavone, que dejaba la salvación a un paso. El descanso lo vivieron con prisa, porque era un obstáculo que les separaba de alcanzar la paz, pero quizá hubieran preferido que el segundo tiempo no hubiera empezado nunca. Los futbolistas riverplatenses volvieron entonces a su peor versión, la habitual últimamente, en la que abunda el miedo al fracaso y hay poquísimo fútbol. El ánimo general es de luto. Se va a la Nacional B de Argentina.