Ritual del alimento en finados

portadilla-otaEl día en el que se recuerda a quienes compartieron con nosotros, pero ahora están en la eternidad, se vive con tradiciones familiares y culturales que generan un vínculo fuerte entre quienes continúan con vida y no permiten que se pierda en un vano recuerdo el ser querido que se fue.


En Otavalo existen dos cementerios que solo separados por una pared se han convertido en testigos del dolor, el sufrimiento y compartir en estas fechas de las etnias indígena y mestiza.
En los alrededores de los dos cementerios los comerciantes atienden a las necesidades de sus compradores, tarjetas, floreros, flores y comida a disposición.

 

TRADICIÓN INDÍGENA
Para ingresar al cementerio indígena la paciencia debe ser una virtud que el visitante debe practicar, una larga fila de personas quieren llegar a reunirse, junto a sus familias, a quienes partieron a hacer compañía a la Divinidad.
Después de haber avanzado a paso lento y entre vendedores que se cruzan ofreciendo frutas, colada morada, verduras, pan runatanda, guaguas y caballitos de pan, pescado frito, colada de churos, flores, rosas, coronas y más, es sorprendente observar el número de personas que se encuentran en un mismo lugar.
Después de llegar a la puerta principal del panteón se respira fraternidad, tristeza y lazos de familiaridad, miles de personas están sobre las tumbas sentados, de pie y otros arrodillados, con el fin de cumplir con la tradición del pueblo indígena.
La noche anterior las familias se reúnen para organizar lo que tienen que llevar al camposanto donde reposan los restos mortales de quien en vida fue madre, padre, hermano, amigo, tío, primo, abuela o abuelo y se ponen de acuerdo para preparar los alimentos que más le agradaban en vida.
Las mujeres de las comunidades indígenas empezaron el día de finados desde las cuatro o cinco de la mañana y prepararon los alimentos pensando en que quien se los va a servir es la persona o las personas que aman aunque estén en la eternidad.
Desde las siete de la mañana comenzaron a ingresar al cementerio y como mínimo las familias permanecieron dos horas en el lugar como señal de respeto y amor.
Los alimentos que se preparó en la noche son el alimento del día de quienes están descansando y visitando a los muertos en la tumba.
En algunos sepulcros se admira personas solas mirando hacia el infinito, recordando momentos vividos con su familiar y no tienen a nadie que los acompañe, con un tazón pequeño de comida y un poco de fruta que se convertirán en el responso que se entrega a los sabios Ángel Kalpay que rezan y piden por el alma de los difuntos.
En otros lugares de reposo de los restos mortales hay abundancia de comida y la fraternidad es tan fuerte entre los pueblos ancestrales que a los vecinos de los sepulcros cercanos o a familiares en otras tumbas se les comparten los granos, el champús, la colada morada, huevos cocinados y más alimentos para afianzar los lazos de conexión espiritual.
En el momento de compartir entre las familias se siente una energía distinta, las tradiciones del pueblo indígena dicen que es por la presencia de las personas que han fallecido y que sus espíritus están rondando y disfrutando la visita de quienes llegan a compartir con ellos.
Junto a la cabecera de las tumbas existen cruces que simbolizan el principio y el final del nicho, bajo estas en una tela se observa plátanos, manzanas, maíz, pan y alimentos cosechados en casa para entregar al Ángel Kalpay.
Con una vasija con flores y agua bendita los sabios vestidos de blanco y con pañuelos de colores caminan entre las tumbas y se acercan a los familiares, estos les piden que recen por las almas de quienes fallecieron y con cánticos, padres nuestros y ave marías invocan al Padre Celestial y a la madre de Dios para que escuchen sus pedidos.
En la noche los rezadores ponen en una mesa las telas abiertas con la comida visible para que las almas por las que rezó se alimenten y sus espíritus se vuelvan más fuertes y puedan interceder por los que les acompañaron.
Por lo general el Ángel Kalpay es de escasos recursos económicos pero de una gran riqueza espiritual, la comida que queda en casa es para que su familia se alimente.
Hasta el paso de tarde a noche, el cementerio indígena refugia a visitantes que quieren cumplir con sus seres queridos y su tradición.

JARDÍN DE ORACIÓN
El Camposanto Jardín de Oración, cementerio mestizo, está al otro costado y una realidad distinta se percibe desde el ingreso, personas vestidas de negro, blanco y morado es lo que más se aprecia en la entrada.
Arreglos florales llenos de adornos cargados por personas con gafas obscuras ingresan por la gran de la entrada del lugar, un camino con una calle de honor de cipreses los recibe y en familia se acercan a donde reposa el ser amado que partió a la eternidad.
Al final del camino principal un grupo de sillas reciben a quienes quieran escuchar la Eucaristía, personas que quieran ofrecer en la Santa Misa sus intenciones se acercan al sacerdote que la preside, para que las almas que estén en el purgatorio suban a la iglesia triunfante que acompaña a la Trinidad.
Artistas con música de adiós entonan canciones que arrancan más de una lágrima a quienes visitan los mausoleos, instrumentos de cuerda y voces sacudían el corazón de quien han tenido que vivir la pérdida de un amor fraternal.
La preparación en este panteón se vivió días antes, familias enteras se acercaron a los nichos para que quienes pasen por el lugar y dejen una tarjeta o un arreglo floral puedan hacerlo en un lugar limpio y mantenerlo en buen estado y bien presentado.
El reencuentro con familiares junto a los nichos es común en la cultura mestiza, conversaciones con amigos en los caminos del panteón se observa frecuentemente.
Las tumbas limpias son adornadas con frases en tarjetas que dicen: A mi querido hermano, a mi amado esposo, a mi inolvidable amigo y otras oraciones que con la firma de quién la puso llega a los más cercanos del difunto. Algunos se sienten comprometidos y ponen un sentimiento de pésame en la tumba de los allegados del autor del primer presente.
Niños, jóvenes, adultos y adultos mayores rezan un padre nuestro y un ave maría pidiendo por el alma del difunto, con la petición de que Dios le permita participar de la Gracia Celestial.
La visita es muy rápida en ocasiones, apenas dejan una tarjeta y un par de flores, con el fin de cumplir el día de finados. Un café en casa con amigos y familiares también suele suceder en algunos hogares y el tema más fuerte de conversación es la vida de quienes participan de la vida eterna. Las tradiciones del pueblo indígena y de los mestizos son parte de la esencia de cada una de las culturas, pero al final el sentimiento de dolor en los dos casos tiene la misma intensidad y todos esperamos el tiempo en el que nosotros seamos a quienes visiten el dos de noviembre.