Responsabilidades ciudadanas

Para buen número de analistas, el año próximo, 2020, será un año electoral. Mejor, pre electoral. Porque aun cuando no haya ninguna convocatoria para concurrir a las urnas, los ciudadanos vivirán las etapas previas de las elecciones de febrero de 2021. Verán de cerca la nominación de candidatos, el inicio de la campaña, su presencia en el territorio, en los medios, saturando de promesas y de imágenes la mente de todos los ecuatorianos. Pero mientras se acerca esa temporada de tensa actividad política, resulta contradictoria la escasísima, si no paupérrima tarea que cumplen los partidos políticos. Estos ni fortalecen sus cuadros, ni mucho menos forman y preparan al elector para que escoja, responsablemente a sus representantes a las diferentes funciones del Estado. Es frecuente escuchar críticas acerca de la mediocre gestión y participación de nuestros representantes. De la decepción de los electores cuando constatan que, ya en su cargo, los elegidos muestras inexperiencia, improvisación, desconocimiento de lo que significa la administración pública. La responsabilidad, cierto, es de los partidos, pero mucho más de los ciudadanos, del elector que tiene en sus manos, aunque no lo crea, el poder de decidir la suerte del país. Esta no está en la propaganda, en los slogans falaces. Se encuentra en la decisión responsable de cada ciudadano. La realidad nacional cambiará solo cuando el elector no se ilusione por la propaganda, por un espectacular slogan, sino cuando una actitud crítica, reflexiva, preceda a su decisión.