Réquiem por la salud

Con mucha tristeza, indignación y decepción debo comunicarles que la salud en nuestro país HA MUERTO; agónica como estaba desde hace treinta años, fue olvidada por los  gobiernos, desamparada y huérfana; vagó sin rumbo a la espera de una mente lúcida, un  corazón ardiente y unas manos limpias que la acojan y le enrumben por el camino correcto.

Nunca, ningún preclaro conductor de este país había hecho lo que éste, dotarle de tantos  millones para revivirla, declararla en emergencia por cuatro años, dotarle de consultores y agentes de negocios para que levante la cabeza, asistirle día tras día con discursos, marketing, equipos nuevos, grandotes, que nadie sabe cómo se llaman  ni para qué sirven, pero que están  ahí para que salgan en las fotos y en las cadenas televisivas, grandes monumentos de  la tecnología médica que no entran en funcionamiento porque nadie sabe cómo hacerlo,  ¡entonces están, pero a la vez no están!.  A ella, la olvidada, se le dio todo cuanto se pudo, oficinas nuevas con pisos importados, mobiliario de lujo  para que se sienten los funcionarios administrativos, con  escritorios, sillas, archivadores nuevos para que guarden las estadísticas de la salud del país; se le compraron  televisores de última generación para que vean en pantalla plana los histrionismos presidenciales, se pusieron persianas para aislar su visión del mundo, lámparas nuevas para alumbrar sus mentes, rodapiés súper absorbentes para que allí  nomás se quede impregnada la sangre y el sudor de los pacientes que no miran la hora de ser atendidos, lo importante es que a las oficinas no lleguen los malos olores, ni los quejidos, ni la pobreza de quienes llegan hasta el hospital público. A ella, a nuestra muertita, querida y anhelada por todos,  se le  puso inyecciones a la vena para que no muera, nunca dijeron con qué sustancia pero se sabe que con eso se hacen los billetes verdes; se le nombró un gerente para el Ministerio y  no un Administrador de Salud que planifique su recuperación;  ahí está él,  bien librado por sus co-idearios  asambleístas;  no  fue  fiscalizado  porque determinaron que es  inocente de todas las maliciosas acusaciones hechas en su contra, y dicen  que es eficiente; tan eficiente que cierra el ascensor a la hora precisa para no responder a tanta interrogante,  es más,  goza del  amparo de Rafael El Grande. 

 Myriam Valdivieso C.
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