Reino Unido en la cuerda floja

En 2015, David Cameron, entonces primer ministro del Reino Unido, anunció que, de ganar las elecciones siguientes –que estaban próximas- convocaría a un referéndum para consultar la permanencia del país en la Unión Europea. Con esto ganó las elecciones y perdió el cargo, porque siendo europeísta, nunca calculó que la población se decantaría por el Brexit (salida del bloque europeo).

Reino Unido se había adherido a la Unión en 1973 y había recorrido el camino paneuropeo con excepción de la adopción del euro como moneda (Siguieron con su libra esterlina).

El Brexit es una hecatombe política y económica pues significa salir del grupo integracionista más exitoso de todos los tiempos. Los ejes de la Unión Europea radican en la libre movilidad de personas, mercaderías, servicios y capitales. Con el Brexit, Reino Unido se quedará aislado, fuera de los beneficios de la integración. Por eso Theresa May, la sucesora de Cameron, planteó una salida negociada, que extendería la transición hasta el año 2020, con lo cual el Reino Unido podría hacer acuerdos que mitigasen los traumas humanos y económicos. Habría que regular el status de los británicos domiciliados en el resto de Europa y viceversa. Tarea difícil dado el grado de movilidad humana que el grupo ha propiciado,

Para colmo el Parlamento negó el proyecto de May quien deberá presentar otro que convenza a los políticos y a la Unión.