Recuperación de al menos 60 locales dependen del viajero

Ibarra.- El anuncio de reapertura de las terminales terrestres, en las principales ciudades del país, tras 160 días de paralización, fue una noticia esperanzadora para decenas de familias que no viajan, pero cuya actividad económica depende que este sitio funcione.

Preocupación
Cinco semanas han pasado desde que paulatinamente la terminal terrestre de Ibarra ha ido retomando sus frecuencias y que con la apertura de los espacios de Carcelén y Quitumbe, estas se incrementaron.

Si por un lado en Ibarra ya no existen restricciones en la circulación y el servicio de transporte interprovincial e intercantonal funciona al 50% de su capacidad, por un tema sanitario; por el otro lado el movimiento en la terminal terrestre no ha sido el mismo de antes de la pandemia.

Esa es la preocupación de los propietarios y empleados de los 60 locales comerciales que viven del día a día.

No les alcanza
A mediados de junio, estos sitios pasaron la inspección técnica por parte de la Municipalidad y fueron autorizados para que puedan abrir sus puertas, pero las ventas han sido mucho menores, en muchos casos ni siquiera alcanza para cubrir el arriendo, que se redujo en un 30%.

Rosa Aguas está al frente de uno de los locales y para ella solamente han recuperado menos de la mitad de las ventas, trabajando 10 horas diarias. Según Rosa, antes del coronavirus se facturaba alrededor de unos 250 dólares diarios hoy solo llegan hasta los 50.

No hay clientes
Luis Santillán, otro comerciante de la terminal, considera que la gente ha retomado las actividades normales pero los negocios no. “Las personas circulan a diario, usan los buses, entran y salen, pero no vienen a comprar. No nos hemos recuperado todavía”, dijo el comerciante quien reconoce además que el último feriado nacional, en agosto, tampoco fue como se esperaba.

La situación es más delicada para Daniel de la Torre, quien llega diariamente desde Otavalo cargando sus bolsos, pantalones, sacos, blusas y otros souvenirs.

“Hay días en que no se vende nada”, manifiesta con preocupación don Daniel, quien además debe pagar sus deudas. Él sabe que por lo general estos artículos son los preferidos de los extranjeros pero su presencia en Ibarra es muy baja. Ellos confían en que la recuperación llegará, pero no saben cuándo. Hoy dependen del turista nacional.