Recuerdos del viejo ceibo

luis rivadeneira jativaEl viejo ceibo del Parque Pedro Moncayo de Ibarra tuvo mucha historia. Era tan grande y hermoso que protegía a todos y daba sombra; cuando había lluvia escampábamos bajo el mismo. Árbol noble, de fina estampa, grandes ramas, de hojas que acariciaban el aire.Los imbabureños y también los visitantes, bajo las hojas del árbol, disfrutábamos de una ciudad tranquila. El ceibo es un árbol típico del bosque seco tropical del Ecuador, distribuido entre Manabí, Santa Elena, Guayas, El Oro y Loja. Dentro del bosque seco crece este gigante para mantener fijo ese suelo con sus enormes y fuertes raíces tabulares y ayudar a la estabilización y control de la erosión de la tierra.

Mientras, si se encuentra cerca de fuentes de agua, ayuda al mantenimiento y regulación del ciclo hidrológico, porque al almacenar líquido en su tronco en época de lluvias y filtrarla al suelo en etapa de sequía, conserva activo al suelo.

Es admirable cuando este árbol crece en la sierra, porque llama la atención de las personas por su majestuosidad. Pero, para ser tan grande y fuerte, un proceso que le puede tomar 100 años, debe protegerse. Lo hace desde pequeño. Su tronco está totalmente cubierto de fuertes espinas cónicas, cortas o gruesas, que le protegen de los roedores. Se afirma que el ceibo es una de las pocas especies que realiza su proceso de fotosíntesis. El color verde de todas sus extremidades se lo permiten almacenar agua y energía en su corteza y deja ir sus hojas para mantenerse con vida hasta las próximas lluvias.

La madrugada del 12 de abril de 1993, la lluvia caía fuertemente en la ciudad de Ibarra. Las desgastadas ramas cedieron y el viejo ceibo cayó. Murió el símbolo ibarreño. Entre gestos de curiosidad, asombro y tristeza, nos acercamos al parque para comprobar lo que muchos creían imposible: perder el viejo ceibo.

Ahora, un nuevo árbol crece en su lugar, sus ramas aún no cobijan a las personas de los rayos del sol, pero, algún día lo harán. La leyenda continuará viva, mientras cada persona que camine por el parque no sólo mire al árbol, sino se pregunte la historia del viejo ceibo. 

Luis Rivadeneira Játiva
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