Profesionales sin hogar y sin empleo

Si de hecho la situación de los migrantes venezolanos que están en nuestro país ya era difícil, todo se agravó con la aparición de la pandemia de la Covid 19. Las historias tristes se cuentan solas y unas más dramáticas que otras.

Son profesionales
En cada esquina o sitio inesperado se mira a familias enteras, personas de diferentes edades, niños incluidos, a veces enfermos, buscando la posibilidad de enfrentar la dramática situación que prácticamente los botó a las calles.

Esta es la realidad de dos jóvenes profesionales (él ingeniero electrónico graduado en la Universidad de Zulia y ella diseñadora gráfica) que apostados en una de las esquinas de la avenida de El Retorno piden solamente una posibilidad de trabajo “de lo que sea” para poder vivir.

Alex Estrada y Beberly Gil, son jóvenes que buscan alivio, luego de haber salido de su país para radicarse en Ibarra, ciudad en la que nació su pequeño hijo Aston Saúl.

Los carteles que portaban reflejan claramente su desesperación. Ella laboraba en un local frente a la Laguna Mall, pero con la crisis tuvo que dejar su trabajo. Él está en Ibarra desde 2017 y laboraba con un señor que vendía electrodomésticos, “pero cuando se me renovó la visa y opté para la nacionalidad, el señor se mudó a Quito, me pidió que le acompañe, pero no lo hice porque me encanta Ibarra y porque mi hijo nació acá”, dijo.

Alex tuvo que utilizar su habilidad para la música. Laboró en bares, restaurante, buses de transporte público en donde le iba bien, hasta que llegó el coronavirus y por la emergencia se cerraron los espacios. Nuevamente la desesperación y aspirando, con la ayuda de los ciudadanos, vivir del día a día.

La situación es difícil y más cuando nos estigmatizan por culpa de otras personas, dijo Alex, que al contrario de aquellos que delinquen, él lo que busca es un trabajo para sostener a su esposa y a su pequeño hijo de apenas un año.

No volverían a Venezuela
Beberly Gil es el nombre de su compañera que al igual que Alex, son muy creyentes y lo poco que reciben agradecen, “porque Dios da para cubrir nuestras necesidades. Gracias también a las personas de buena fe que nos ayudan”. Beberly considera que la situación es delicada para todos.

He visto que muchas personas perdieron su trabajo. Me cuentan que se acostumbraron a recibir un salario fijo y ahora se han quedado sin nada y hasta les han sacado de los cuartos que arrendaban, dijo la joven venezolana.

No aspira volver a Venezuela, considera que la situación allá “es terrible”.