Preguntas sin respuesta

Prepotentes, abusivos, grandes caciques, algunos con fortunas inalcanzables para la mayoría de ciudadanos. Otros enancados, por años, en la dirigencia social o laboral. Y los dirigentes de esa gran masa amenazada y abusada, sí, ese cacicazgo antidemocrático, salió a incendiar el país para mantener inalterable el subsidio a los combustibles y defender, falazmente, el interés de todos los ciudadanos. ¿A quién representan? Nadie les eligió como sus defensores ni representantes. Si no es así deben probarlo. Porque abusando de los vericuetos constitucionales tomaron, usurparon el poder del pueblo que solo se lo entrega en las urnas. Toleraron impunemente la violencia, el vandalismo. Cubrieron con un silencio cómplice a saqueadores y rateros. No fueron capaces de detenerlos y aplicarles esa SU justicia que tanto defienden y pregonan o entregarlos a los órganos legales. Peor aún, ratificando esa irresponsable complicidad, hoy piden libertad para los delincuentes ¿a cambio de qué? Y hay más: Bajo esa falsa fachada de “Parlamento de los pueblos”, esos mismos dictadorzuelos, ajenos a toda capacidad crítica, que desprecian la democracia que mal o bien vive el país, embobados por teóricos fundamentalistas, más interesados en resucitar sus vetustos compromisos ideológicos, que salvar al país y a sus ciudadanos, acumulan planteamientos irresponsables y hasta ridículos que no contribuyen al diálogo sino que lo sabotean. Con ese escenario resulta urgente marginar los caciquismos y ratificar nuestra fe en la democracia, la que vivimos, no la que quieren imponernos desde lejos.