PPL hondureño cuenta el drama que vive en la cárcel

Ibarra. La necesidad de cubrir los gastos de la enfermedad de su madre, hizo que Francisco Reynaldo C., saliera de Honduras para ganar dinero transportando cocaína desde Colombia a su país. El negocio se veía muy fácil, sin embargo la efectividad de los miembros policiales imbabureños, hicieron que todo se cayera como un castillo de naipes y fuera detenido en el control policial de Mascarilla.

El hoy sentenciado cuenta que pasó por todos los controles desde Medellín y en ninguno tuvo problemas, pero al llegar a Imbabura, el 26 de noviembre de 2017, cayó con casi dos kilos de cocaína que traía ocultos en el doble fondo de su maleta y mochila, que viajaban en la bodega de un bus.

Desde ahí fue internado en el Centro de Privación de Libertad de Personas Adultas Varones de Ibarra. Ni siquiera pudo negar que ‘la merca’ le pertenecía, ya que el ticket de las maletas fue encontrado en su bolsillo, esto hizo que el 26 de enero de 2018 sea sentenciado a dos años de cárcel y el pago de tres salarios básicos unificados.

Realidad. Desde que ingresó a la cárcel de Ibarra el dio a conocer a las autoridades que es bisexual y solicitó a la embajada de su país o alguna institución que pudiera conocer su caso, sin embargo nunca se acercaron a visitarle.

La desesperanza de su familia aumentó al saber que está en prisión, y meses después, su madre falleció con artrosis terminal.

Los barrotes de la prisión se volvieron más fríos al enterarse que no pudo despedir a su mamá y una luz de esperanza se encendió cuando conoció que en Ecuador podía acogerse al beneficio de la prelibertad, luego de cumplir con el 60% de su condena, sin embargo su condición de extranjero le impide salir antes de prisión porque no puede obtener los certificados de que un trabajo le espera y, menos aún, que alguien le va a arrendar un sitio para vivir en la ciudad.

“Han habido momentos buenos y malos, casi no tengo problemas con nadie, pero hace poco fue víctima de agresión. Yo uso lentes y se me dañaron y la directora que estaba no me dio permiso para ir a graduarlos a Natabuela. Me hicieron el cambio a una celda tranquila , y por el momento estoy bien”, concluyó.

El privado de libertad dijo que nunca contó con el apoyo de la Embajada de Honduras en el Ecuador.
Reynaldo mencionó que su familia está en su país natal y nadie pudo ayudarle con los contratos laboral y de arrendamiento.