Por fin, pero …

jacinto salasNo pasó mucho tiempo de abierta e inaugurada la carretera Ibarra San Lorenzo,- sueño de siglos de los ibarreños -, que enormes trailers, cargados de grandes trozas de madera de las selvas de San Lorenzo, comenzaron a recorrer la flamante vía. ¿El destino? las madereras de la capital de la República. Se había reiniciado la inmisericorde deforestación del noroccidente ecuatoriano.

Sin el más mínimo recato,  esos impresionantes tractores forestales, ingresaron a los últimos relictos de la selva del Chocó, para arrasar con los añosos árboles de maderas finas, comprados a precios mínimos a los colonos  y moradores ancestrales de la zona, para procesarlos y convertirlos en piezas de exportación.
Hoy, las trozas que pasan por los sitios de control ya no son de maderas finas, son de las maderas inicialmente desechadas, porque las otras se agotaron al menos en los espacios cercanos. La masacre del bosque primitivo noroccidental se cumplió a vista e indiferencia de muchos que nada hicieron para frenarla. Sólo un jefe político tuvo el coraje de querer impedirla. Detuvo vehículos, pero el poder y las influencias nulitaron el esfuerzo.
En una decisión inesperada,-  mejor tarde que nunc a -, el gobierno adoptó una medida que hace 10, siete o cinco años hubiera sido decisiva para parar la casi extinción de especies forestales. Decretó el estado de excepción,  durante 60 días, para evitar la tala de árboles en Esmeraldas. El tiempo permitirá realizar auditorías y determinar la legalidad de la explotación maderera.
Pero la medida, única en la larga historia de deforestación de la “provincia verde”, será inútil si no se convierte en definitiva. La veda de 60 días puede ser buena para que se recuperen los cangrejos, pero no la selva. La alta corrupción, el poder de las empresas, los intereses mezquinos que quieren convertirla en un erial, pronto lograrán revertir la medida.
¿La decisión gubernamental? Difícil creer que defienda los fueros de la naturaleza,  sus derechos. Muchos pretextos y poderosos apellidos están detrás de la explotación maderera a quienes aquella (la naturaleza) les vale un comino.

 

Jacinto Salas Morales
salasjacinto@yahoo.com