Piden caridad en la puerta de Dios

p37f1De distintos lugares, con historias diferentes. Todos se reúnen en la puerta de la iglesia La Merced, no buscan escuchar misa, pese a ser católicos. Un pan, un plátano, una moderna, todo vale para matar el hambre. Son los “limosneros de La Merced”, que aspiran recibir una caridad de los 7 mil feligreses que en promedio llegan los domingo a escuchar la liturgia.   

Crónica. Domingo 8 de septiembre, minutos antes de las 06:00 de la mañana. El frio mañanero ínsita regresar a la cama, seguir durmiendo o abrigarse con un buen café en la comodidad del hogar.

Aquello de madrugar para ir a misa, poco a poco se ha ido perdiendo de las iglesias católicas. Así lo demuestran los primeros feligreses, los madrugadores, los viejos devotos a su santo. A su fe. A su iglesia. Minutos antes de la llegada de los fieles, con la misma fidelidad de quienes escuchan misa los domingos. Decenas de personas necesitadas, se apostan en la entrada de la iglesia. Aseguran madrugar, para que Dios les bendiga y ganar el mejor lugar para pedir caridad.
Las tres grandes puertas de madera recién restauradas se abren, inicia la eucaristía. Los fieles, nosotros, los seguidores de Cristo, de María, de Jesús, nos arrodillamos frente al altar.
Se observan algunas lágrimas, son los fieles de corazón que piden un milagro o agradecen por haberlo recibido. Otros, los más jóvenes, los menos numerosos a esa hora son menos emotivos, pero pese a tener la misma fe, pidió o agradecen cosas distintas, como por ejemplo, los mejores deseos para la mujer amada, así sea que ella, ya no esté con ellos.
Finaliza la misa. Es ahí cuando todo inicia. Los devotos salen a la vez que otros ingresan a la iglesia. Se logra a contar 33 limosneros. Hombres y mujeres. El mismo número de años que vivió Cristo.
Rosa María Aguirre, recoge botellas y con lo que acumula de las limosnas suma semanalmente dos o tres dólares. El valor de una cajetilla de tabacos. Una de las historias de “los limosneros”.

 

DATO:

Si desea ayudarlos puede dejar su ayuda en la congregación de padres Mercedarios