Personas en situación de movilidad no tiene a donde ir

La idea de un grupo de ciudadanos extranjeros era viajar a Colombia, pero la pandemia los detuvo y se vieron obligados a vivir prácticamente en las calles de Ibarra, pero sobre todo en el sector de la Piedra Chapetona y a orillas del río, donde han levantado pequeñas ramadas para pasar el frío de la noche.

Aquí tienen un espacio para preparar la comida y un improvisado servicio higiénico.  Ellos comentan que por ayuda de los vecinos pueden dormir sobre colchones, pero en el piso.

Entre todos se organizan para lograr que no les falte la comida, unos recogen agua y otros salen a las calles a limpiar parabrisas o pedir caridad en los semáforos. Así es la rutina de estas personas, que tuvieron que salir de Venezuela para buscar un mejor futuro.

Lo que hacen
Anthony Ramiro usa su mascarilla, se acerca a nosotros cumpliendo con el distanciamiento social, tiene apenas 23 años de edad. Comenta que al principio vivían en el parque Pedro Moncayo junto a otros de sus compatriotas, pero decidieron llegar a esta zona “para que nadie nos esté molestando. No estamos perjudicando a ningún vecino, ellos están súper lejos”.

Aunque la alcaldesa Andrea Scacco lo hizo público en ENtv, Anthony menciona que les han dando siete días para que desalojen el área. “Esperaremos el momento, si vienen a desalojarnos nos vamos con educación y sino, seguimos hasta que esta pandemia termine”. No todos son familia, la mayoría son conocidos de viaje.

Anthony considera que es mejor pedir que quitarle a otra personas. En las calles cuando empieza la jornada desde las 06:00, además de pedir, venden dulces o ciertos productos.

Con educación, Rosiris Hernández, una venezolana se presenta, “hola mucho gusto, tengo apenas un mes viviendo acá en Ibarra porque me vine de Quito a encontrarme con un amigo”.

Asegura que sus compañeros la han tratado bien, “pero las autoridades no, me han tratado como un perro, pero como pueden ver, soy una señora de 43 años que necesita atención médica”.
Antes de hablar se le escuchó toser, pero ella indica que está así y un poco afónica por el frío, “este clima me hace daño”, acotó.

Mientras tanto, Anthony señala que salió de su país porque “masacraron a mi familia, me las mataron”. En cambio, Rosiris asegura que migró porque estaba pasando hambre.
Cuando sale a las calles, Rosiris dice que pide arroz, harina, papa y cualquier cosa, “así es como yo me mantengo, a veces vienen personas y nos regalan comida”. Agrega que cada 15 días llegan ciudadanos cristianos evangélicos para ayudarles.

Autoridad
Al lugar también llegó una concejala de Ibarra, pero Rosiris dijo que no sabía el nombre, “nos regaló tapabocas”. Este grupo de ciudadanos rechaza los problemas políticos que vive su país. La ciudadana cuenta que tiene 5 años en Ecuador, un año vivió en la Sierra, dos años en la Costa, y otro año en el Oriente.

En Venezuela, dice que era maestra pastelera, chef internacional y trabajaba en Caracas en un hotel, donde era la encargada de los desayunos. Asegura además que habla francés, inglés, “solo que me gusta vivir como las cosas malas…”