Paz a los hombres…

Uno de los luminosos mensajes que, a lo largo de los siglos ha dejado la Navidad es aquel que los ángeles, según el relato evangélico, transmitieron a los pastores en esa noche: “Paz a los hombres…”

Pero es una paz que no llega a todos. Es una paz condicionada, que toca solamente “a los hombres de buena voluntad…”, a aquellos que la buscan y están dispuestos a conseguirla.

Un mensaje que ha sido capaz, al menos por algunos días, de parar las batallas y las guerras, porque esos hombres de buena voluntad creen de verdad que la paz se la construye, no llega de regalo.

El Niño de Belén no dijo “les doy, disfruten la paz…”, sino “paz a los de buena voluntad”.

Qué diferencia entre ese mensaje, con el de aquellos otros que recibimos y, en ocasiones, aceptamos y celebramos: el mensaje de la bronca. “Bronka y rebelión…político … te queremos muerto. No puedes con nosotros, no queremos nada tuyo, iros a la m”… no queremos vuestro mundo!”.

Hoy mismo, en Navidad, algunos en el país, anuncian no la paz, sino la bronca. La justifican, pese a que los subsidios generales, no focalizados son injustos, perjudican a los sectores vulnerables y a un país en crisis. No importa. El marketing populista exige pelea.

En una época como la presente, el Ecuador necesita urgentemente hombres de buena voluntad, ajenos a la violencia verbal, dispuestos a analizar, dialogar, entender y comprender la realidad.

Hombres, en fin, de buena voluntad.