Pandemónium en Hong Kong

Hong Kong es un territorio chino de apenas 1 104 kilómetros cuadrados. Su ingreso per cápita es de USD 48 650. Es una “provincia” rica, próspera y netamente capitalista. Su modo de gobierno responde a una “condición especial” que le distancia de China comunista, de la cual es parte.

Esto porque Hong Kong fue colonia británica hasta 1997, año en que el gobierno de Londres hizo la devolución formal de su territorio a China.

En aquel entonces, el Príncipe Carlos viajó a Hong Kong a bordo del buque real Britania para presenciar las ceremonias y festejos de los chinos por la reincorporación de la hasta entonces colonia de la Corona británica.

No se borran aún las tristes imágenes del aristócrata inglés cuando zarpaba abandonando el territorio ya liberado de su égida.

Desde hace dos meses Hong Kong está conmocionada por las violentas protestas de la población contra una ley de extradición impulsada por la jefa ejecutiva Carrie Lam, a quien piden la renuncia. Dicha ley posibilitaría que los hongkoneses sean juzgados en China.

Detrás de esto hay mucho más.

Los habitantes de Hong Kong que tienen hasta moneda propia, no quieren ser gobernados por China. Calculan que si pasa esa ley podrían venir otras que consolidaría el poder central de Pekín sobre Hong Kong. Los hongkoneses pugnan por mantener su status de libertad derivado del principio de “un país, dos sistemas”.