País partido

¡Cuánto te odio política!, grita angustiado Rafael  mirando  las entrañas de la laguna del Quilotoa,  hasta donde llegó para descargar su energía lesionada; pues tan sólo aquí frente a la majestuosidad de la naturaleza podrá curar sus heridas, esas llagas profundas  que se marcaron por  lo que  pasa en el país.

Una vez más me decepcionas porque divides a mi gente, porque el sentimiento de patria se quiebra, porque se enfrentan los hijos de la misma madre, –le dice- . Aquí no importa quién gane o quién pierda, la realidad es que nos hemos partido, hemos cogido bandos diferentes  para auspiciar hechos y vanidades que no nos tocan. Por qué debo ser  yo , y como yo mis amigos y mi familia, quienes paguemos  las consecuencias de estos subterfugios inventados para no afrontar lo que a cada uno le corresponde,  si  era cuestión de asumir la tarea, de saber escuchar, de no cambiar el proyecto, de caminar apegado al sendero, de hablar en vez de gritar, de saber reconocer a los otros, de caminar juntos. Y ahora qué pasará  con los odios encarnados, con las dudas  y  los celos. Ya no creerán en ti las nuevas generaciones, mis hijos, los que ahora son niños y con su inocencia creen que hay que llegar al poder para servir a los demás. Qué pasará con las filosofías que han sido manoseadas y mentidas porque tú lo permitiste, qué dirá la historia de esta confusión del siglo XXI, del mal uso de los conceptos, de esta mezcla de modelos que han desprestigiado al verdadero socialismo. Seguramente tendremos a la derecha política de aquí para cien años, rifando el país al mejor postor;  ¡ah!  pero aquí hay un responsable, que te hizo el juego, que se envaneció con tu magia y tu poder, que fue parte de ellos al  seguir sus señas  ¡mala política!, él es el responsable histórico de toda esta división que no legitima, porque aunque gane pierde a la otra mitad,  que es espurio, que nos separó a los amigos y vecinos, total para nada, porque tú seguirás reinando con el statu quo, con el sistema imperante, con la pobreza de unos y el enriquecimiento de otros. Por eso te rechazo, te escupo, te niego y no te hago el juego,! malvada política!. Soy Rafael  Ugsha, hijo de esta tierra, y no dejaré que nuevamente me utilicen vendiéndome la magia con espejitos de colores. 

Myriam Valdivieso C.
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