Orar con los Salmos

Los fieles católicos debemos mantener una espiritualidad bíblica como nos enseña el catecismo católico y para ello siempre debemos acercarnos a la palabra de Dios, en especial leer y meditar los salmos con nuestras intenciones y emociones de cada día para alabar, agradecer, pedir perdón y unir todas nuestras actividades humanas a la voluntad divina, animados siempre del Espíritu Santo que nos impulsa con carisma y creatividad a la contemplación de las maravillas de Dios hechas con la humanidad que camina entre penas y alegrías, sufrimiento y esperanzas. Todo cuenta realicéis hacedlo en nombre de señor.

El libro de los salmos, de la Biblia, puede ser un valioso instrumento para nuestra oración. Su riqueza es grande: son oraciones de alabanza, de acción de gracias, de petición de perdón, de confianza, de meditación sobre la historia. En ellos se encuentran todos los sentimientos que te puedas imaginar. Fueron escritos por diversos autores, y en diversas circunstancies del pueblo de Israel, siglos antes del nacimiento de Cristo. Como el resto de judíos, también el mismo Jesús rezó con los salmos, en familia, en la sinagoga y en el Templo.

Por eso en los evangelios encontramos citas de salmos puestas en boca de Jesús. El ejemplo más claro lo tenemos en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? o Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. La comunidad cristiana, desde los primeros siglos, ha hecho suyas estas oraciones de los salmos.