Olvidémonos del mercado de intereses

La tierra es cada vez más de todos y de nadie. No tiene sentido levantar muros o privar de libertad a los migrantes, pues su situación no es irregular, sino de necesidad en la mayoría de las veces.

Por tanto, la detención para controlar ese mundo que transita de acá para allá ha de ser el último recurso y los países deben priorizar alternativas que favorezcan el encuentro. Estamos llamados a entendernos y a no confundir términos, puesto que todos caminamos por la vida, y nos merecemos dignificarnos y tomar conciencia de que el hogar es un indiviso planetario en el que nadie puede quedar excluido. No hay otro horizonte que el de la unión. En consecuencia, es vital la renuncia a este mundo de esclavos y sentirse emancipado para dignificarse como ciudadano y huir de las enormes injusticias que nos acorralan.

Ya está bien de sentirnos perseguidos por ese universo de privilegiados que se creen dueños y señores del planeta. No hacen falta gentes de poder, sino servidores que no avasallen. Tampoco son precisos instrumentos de destrucción ciudadana, sino enseres autónomos dispuestos a restaurar la aceptación entre mortales.

De nada sirve ese mundo intelectual, insensible, que no es capaz de ir al encuentro de los débiles. Urge, por ende, un cambio de mentalidad, que no es otro que salir de nosotros y activar el corazón, para poder recoger, acoger y reconocer a nuestros análogos, pues somos comunidad y no está bien sentirse solo y aislado.