Obama y el desafío del mensaje

ricardo trotiBarack Obama sabe que se necesitan tres ingredientes para ser un presidente reformista y dejar un legado perdurable: Sortear una guerra, recuperar la economía y conectar con la gente. Los dos primeros son ingredientes difíciles, pero factibles.

En su discurso del Estado de la Unión, tomó esa dirección, anunciando el retiro de tropas de Afganistán y objetivos económicos audaces. Pero el tercer componente, conectar con el público, inspirarlo y que se sienta liderado, es algo más abstracto y arduo de alcanzar, virtud que solo se reconoce a un puñado de sus antecesores: Abraham Lincoln, Franklin Roosevelt y Ronald Reagan.  Obama admite el desafío. Cuando asumió su segundo mandato el 20 de enero, dijo a la revista The New Republic que su estrategia prioritaria será buscar una mejor “conversación con el pueblo”, entendiendo que el mensaje y la persuasión, son importantes en el arte de gobernar. “He pasado mucho tiempo pensando cómo puedo comunicarme con más eficacia con el pueblo”. En los viajes que emprendió tras su discurso anual al país, el Presidente se mostró decidido. En declaraciones y mensajes por Twitter, siguió vendiendo lo que prometió ante los legisladores: Cómo empoderar a la clase media, porqué es necesario prohibir armas de grueso calibre y cómo mejorar la educación en todos sus niveles. Con algunos temas pudo conectar muy bien con la gente, porque ante el Congreso tuvo la narrativa adecuada. Los legisladores le vitorearon cuando pidió el voto para acabar con la violencia que afectó a los niños de la escuela Sandy Hook y a la ex legisladora Gabrielle Gifford, ahí presente. Asimismo, conectó cuando pidió a demócratas y republicanos trabajar juntos por la reforma migratoria que prometió firmar apenas se alcance consenso, a sabiendas que los republicanos admiten que ese fue su talón de Aquiles en la pasada elección. 

 

Ricardo Trotti
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