Noche de insensatez

Cómo más llamar a esa siniestra noche. Con una tragedia que comenzó el sábado y se prolongó al domingo. Noche cruel desencadenada por un desquiciado que terminó por matar a Diana, ante la mirada indignada de decenas de personas. Unos, testigos directos del despiadado crimen, y otros miles, convocados por el morbo de irresponsables aprendices de comunicación, que transmitían, como un espectáculo circense, la agonía de una joven madre. Noche de vergüenza para Ibarra, porque en una o dos horas de locura, de irracionalidad e insensatez, grupos trastornados por la ira y la barbarie la pusieron en el mapa de las ciudades violentas, xenófobas. Colectivos, capaces incluso de atacar, y perseguir a mujeres y niños indefensos, de asaltar hostales y quemar sus pertenencias.

En dos horas, esos grupos mancharon, deshonraron la historia de Ibarra, ciudad de gente amable, pacífica y acogedora, que ha crecido y crece con la migración porque está abierta a todos

De dónde salieron esos desadaptados, que tomaron para sí, como si fueran dioses, la atribución de hacer justicia, proclamar venganza y asumir la “limpieza social”? Triste, preocupante, la actitud de nuevos, pero falsos líderes electoreros que aprobaron la insensatez y el primitivismo. Hoy queda, a los auténticos ibarreños, la enorme tarea de proclamar al mundo los valores de esta ciudad generosa. De su tradición y pasado. Los de una ciudad abierta a todos, que lucha y defiende la dignidad de todos, el derecho de todos.