No soy un politico sino un luchador social

myriam valdiviesoNo soy un político sino un luchador social ha dicho el presidente uruguayo José Mujica en una entrevista a la televisión española, un conversatorio  donde deja ver su humanidad, su filosofía de vida, su carisma. El hombre de quien tanto se habla en el mundo,  de porte sencillo  y des complicado  tiene una profundidad de vida, no necesita tarimas ni micrófonos para ser escuchado,  porque su presencia  es limpia y no necesita inflarse para infundir respeto y admiración.

Nos dice que hay que vivir con un sentido de felicidad pues  si vivimos para tomar cuentas  nunca  seremos felices, pues vivir mejor no es sólo tener más sino ser más feliz;  esa es la lógica  que encuentra al  sembrar en su pequeña chacra, o  al poder transitar  por las calles de su país sin la parafernaliade los hombres de estado, al dialogar con los transeúntes  y  comer en cualquier boliche con la conciencia en paz, esa paz que la lleva adentro porque logró entender que la verdadera riqueza del ser humano  debe estar en su cultura y en el conocimiento, no en lo material o lo que promueve el consumismo.
Como luchador social sabe el valor de la libertad y la palabra, libertad que impulsa al punto de manifestar que la mejor ley de comunicación es la que no existe, habiendo sido él víctima de la negación de la palabra; promueve la democratización  del liderazgo, a través de esfuerzos  colectivos, de un liderazgo conjunto,  porque quienes proponen   aquello son los mejores dirigentes;  y,  sin duda alguna él es uno de ellos.  Para Mujica la política es la lucha porque la mayoría de gente viva mejor en función de un tiempo de vida,  pues  para disfrutar la libertad hay que tener tiempo, y cómo es ésta relación?Hacer lo que le gusta a cada quien eso es ser libre, mientras que si se vive para hacer plata, pasarán  pensando en que les roban o les secuestran,  y cuánto tiempo de esa vida se gastan haciendo dinero?, pues ahí se les fue un tiempo irrecuperable, ya que  cuando quieran disfrutar estarán viejos y cansados, porque en el mundo hay mucha tontería, cuando lo mejor es vivir sin mucho equipaje.
A este gran hombre quien  piensa que  los sucesos son  los que ahora gobiernan a los hombres y no los hombres a los sucesos,  le preguntan cómo se sentiría si le candidatizan al PREMIO NOBEL DE LA  PAZ, a lo que responde con su sabiduría habitual que él no espera ese premio, aunque si se lo dan,  como es económico, serviría para hacer más casitas para la gente pobre;  porque la paz él ya la lleva adentro y el premio ya lo tiene, está en las calles de su país. Cuánta lección de vida y coherencia en el pensar y el actuar, ese es el fruto  de su historia junto a los pobres y marginados, porque él no es un improvisado de la política ni un aprovechador de coyunturas, no ha robado el discurso a nadie, ni ha atropellado la ideología que le vió nacer en su lucha social de toda la vida. 

 

Myriam Valdivieso C.
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