Necesito liberarme

Hoy he salido a interrogarme, a verme en el azul del cielo, y a preguntar por mi estrella. Estoy harto de caminar sin rumbo, de que me desorienten y deslumbren aquellos que buscan los honores aquí abajo, de vivir atrapado por la idiotez de la sinrazón, y por el calvario de la mundanidad. Ciertamente, necesito liberarme de tantas mentiras sembradas, de tantos agobios sufridos, de tantas soledades vividas. Ojalá encuentre la ternura que vierte la mirada de un niño, viva la sabiduría de los ancianos, disfrute del equilibrio y generosidad del orbe. A veces pienso que todo parte de nosotros. Sea como fuere, uno de los mejores regalos que podemos darnos, cada cual consigo mismo, es ofrecer el perdón a quien nos ha ofendido, celebrar el encuentro, dedicarle tiempo a una persona que pide nuestro auxilio, cuidar a un enfermo, visitar a los que están entre rejas. Por eso, uno ha de darse siempre y ha de recogerse en el momento preciso, para hacer examen de los pasos dados. Autoescucha y esfuerzo perseverante por encontrar el verdadero horizonte de la alegría, debe ser nuestro desvelo, porque sin ella, todo proceder es baldío. Por tanto, la prueba más clara de estar fuerte en el vivir es saber amar y, en el recuento de lo amado, radica el gozo. En cualquier caso, aún en medio de las adversidades, hemos de perseverar serenos por dentro. Como aquellos Magos de Oriente, que se pusieron en camino, yo también me acabo de poner a mirarme y a verme, nada de extraordinario a simple vista…