Navidad en la cárcel y lejos de sus familias

Ibarra. Mientras las calles de Ibarra están llenas de luces, villancicos y niños disfrutando de la Navidad, en el Centro de Privación de Libertad de Personas A-dultas Varones de Ibarra, la realidad es diferente.

Los internos han sido agasajados y recibido pequeños obsequios que les han ayudado a sobrellevar su difícil situación, pero para los extranjeros el encierro se vuelve más triste en estas fechas.

Con nostalgia miran como las esposas, madres e hijos de sus compañeros internos llegan para darles un abrazo de Navidad, mientras ellos tienen a sus seres queridos a miles de kilómetros de distancia.

La Noche Buena comparten con sus compañeros de celda, juegan parques y naipe, cenan algo sencillo e intercambian aunque sea un dulce con sus amigos.

Los tres foráneos con los que se contactó Diario EL NORTE coinciden en que lo que más extrañan es el cariño de sus hijos y que el anhelo más grande es estrecharles en un abrazo cuando se ‘rompan las rejas’.

Relato. Hace dos meses llegó al centro penitenciario José, oriundo de El Salva-dor. El hombre de 28 años estaba recluido en Latacun-ga y por seguridad fue trasladado a Ibarra, en donde cumplirá su condena de 13 años.

Cuenta que lo que más extraña en estas fechas es su familia y las costumbres de su país, pero debe ser fuerte para soportar el cúmulo de sentimientos que tiene al estar lejos de los suyos.

“El ecuatoriano es una persona muy amena, caritativa y amistosa, eso ayuda a sobrellevar la situación, pero es muy difícil. En Navidad en mi país se hace una reunión, se ponen los regalos bajo el árbol, a las 00:00 se abren y se brinda con la familia. La ‘pupusa’ es el plato tradicional de El Salva-dor (una especie de arepa), además de pavo y cerdo. Lo que más extraño es mi familia, porque tengo tres hijos, ellos llegan a veces a verme, pero no siento que eso sea bueno, no quiero que vengan a este lugar. La convivencia aquí es amena, el ecuatoriano es buena persona y tenemos planeado cocinar algo entre todos, si es que se puede, darnos un abrazo y obsequiarnos algo”, dijo.

Con tristeza manifestó que lo único que quiere decir a sus hijos a la distancia es que les ama, les extraña mucho y les desea unas felices fiestas.

Otra historia. El relato del venezolano Johan, de 30 años, fue algo diferente. Sus ojos se iluminaron al decir que a las 12:00 del 31 de diciembre, recuperará su libertad. Cuenta que los meses que ha pasado en prisión han sido muy duros, pero sus compañeros son amables y gentiles y siempre ayudan al extranjero.

“Es la primera Navidad que estoy lejos de mi familia, estoy casado y tengo tres hijos de 12, 7 y 3 años, desde que estoy aquí no he tenido contacto con ellos.

Afuera me espera mi esposa, y si Dios quiere, acabaré el año con ella”, mencionó y recordó que en su país la Navidad es una fiesta de más de una semana en donde preparan la tradicional ‘allaca’, bollos y cerdo.

“Espero que mis hijos pasen bien, les mando mis mejores deseos, que Dios le bendiga a los tres”, agregó.

Realidad. Miguel, de 31 años, es oriundo de Ipiales y lleva más de cuatro meses en prisión. Cuenta que en su país realizó el servicio militar y ahora espera sentencia en Ibarra.

“Es muy difícil estar lejos de mi familia, el encierro me ha privado de muchas cosas, pero es una experiencia más y me ha enseñado a valorar la vida y el tiempo; extraño la calidez de la gente y mi cultura. En Colombia en esta fecha se cena pavo relleno y natilla con buñuelos”, mencionó.

Con lágrimas en sus ojos dijo que gracias a Dios tiene dos hijos maravillosos de 9 y 2 años. “Mi hijo es el mejor estudiante de su aula, es muy juicioso y tiene una madre ejemplar, ella y yo tenemos 17 años juntos y le agradezco por todo. A mis pequeños les digo que les amo y les extraño mucho y pronto estaré a su lado”, concluyó.

Johan, Miguel y José viven realidades diferentes y esperan reencontrarse pronto con sus familiares.
Todos los internos recibieron ropa y caramelos por parte del empresario Mateo Carrillo y su familia.
La mañana de ayer más fundas de caramelos y galletas fueron entregadas en las diferentes celdas de la cárcel de Ibarra.
Rita Viteri de Carrillo, junto a su familia, llegó cargada de regalos al centro carcelario y alegró a todos los privados de libertad.