Muralista otavaleño, orgullo de su cultura

t-nazOTAVALO. Nunca pasó por una escuela de Artes plásticas ni estudió técnicas de dibujo artísitco, pero tiene la habilidad que todo afamado artista posee.

Su nombre es Alvaro Córdova, tiene 22 años, y sus murales adornan las calles no solo de su natal Peguche sino de Imbabura y todo el Ecuador.
Es conocido como “T-naz” y verlo en acción es un verdadero espectáculo, su dominio con los “spray” provoca que la gente se quede observándolo por horas cuando está realizando su trabajo en cualquier pared de la urbe.
Sus murales son grandes, lo que le toma dos días en terminar uno, su inspiración es su vivencia como indígena kichwa de Imbabura. “
Su influencia desde hace cuatro años es la música rap, algo que tiene mucho que ver con el arte callejero, entre sus gustos también está la música, forma parte de un grupo musical de hip hop que se denomina “Soberanos”. “El hip hop tiene varios elementos, uno de ellos es el graffiti”, comenta.
Desde pequeño desarrolló su habilidad por la pintura, siempre ganaba concursos en la escuela. “Desde siempre me inspiraba en todo lo que me rodeaba junto a mis vivencias de la cultura indígena, lo mezclaba y lo expresaba en dibujos”, dice.
Uno de sus primeros murales está ubicado en pleno centro de Otavalo, en la calle Bolívar y Quito, donde se aprecia la calidad de su trabajo.
“T-naz”, como le conocen, ha participado en concursos internacionales, ha grabado documentales y ahora se desempeña como gestor cultural en la Asamblea Nacional, desde donde busca apoyar a los hermanos ecuatorianos que fueron afectados por el sismo del 16 de abril pasado.
Su mural más trabajoso es la de un viejito flautero que tiene una dimensión de 5 metros de ancho por 12 metros de alto. Su cerebro trabaja como una computadora, solo se imagina en escala grande como quedará su creación, busca sus “puntos de fuga”, y el resto es poner en marcha su habilidad.
En su familia tmbién hay dibujantes, pero lo hacen para diseñar modelos de textiles o camisas indígenas.
Alvaro tiene un álbum de fotografías de sus trabajos, una especie de libro en donde se reflejan sus creaciones que, según cuenta, es notorio el cambio que da en el ambiente y la apariencia en el lugar donde pinta su mural. El no perder su identidad cultural ha sido su propósito y fortalecer con fuerza las costumbres y tradiciones de su comuinidad.
La técnica que utiliza la define como hiperrealismo. Pone su identidad en cada obra. “Me gusta hacer rostros de taitas (padres, en quichua) y mamas, (madres), porque son sabios y merecen respeto”. ‘Para mí es importante que se dé a conocer nuestro trabajo, que las personas cambien su forma de ver este arte. Que no es vandalismo sino que es una expresión artística de los jóvenes de la actualidad’, finalizó Córdova.