Murakami y “La muerte del comendador”

Un anodino pintor de retratos japonés recibe un sorpresivo anuncio de su esposa, con la que lleva casado seis años: “No podemos vivir más tiempo juntos, debemos separarnos”, le dice. Él reacciona como autómata. Sale de la casa y empieza un largo viaje en auto por el norte de Japón, sin destino, huyendo. No entiende por qué finalizó su feliz matrimonio. Meses después de vagar por vastos sectores del país se instala en la apartada casa de un célebre pintor quien ya no la habita por haber sido recluido en un lugar de ancianos.

Por las noches oye ruidos inquietantes. No sabe de dónde proceden, pero le molestan. Busca en el desván y encuentra que allí vive un búho. Tal vez sea la respuesta. Pero, además encuentra un cuadro, empacado y guardado como para que nadie lo mire. Su curiosidad puede más y lo abre. Se encuentra con “La muerte del comendador”, una pintura enigmática. Mirarla y analizarla conllevará el desencadenamiento de una serie de episodios incontrolables.

Entonces se cuestionará el haber desempacado el cuadro…pero será muy tarde. Alrededor de este argumento gira el último libro del célebre escritor Haruki Murakami, quien, fiel a su reconocido oficio de narrador, cuenta hechos cotidianos aparentemente intrascendentes que, junto a elementos oníricos y mundos paralelos, dejan perplejo al lector. Son unas 980 páginas de lectura trepidante, envolvente, delirante…