Morir de sed

pedro ramirezLa cuenca del Lago San Pablo siempre ha tenido su encanto natural  por ser una fuente permanente de agua dulce, los pobladores cercanos poco han aprovechado este recurso natural no renovable. Hace  años  se creía que el árbol de eucalipto (originario de Australia) y sus recursos madereros eran  una alternativa o sino la solución económica para las comunidades  y no solo para las aledañas al lago, sino  a nivel nacional considerando incluso al eucalipto como árbol “nativo”.

Craso error. Si bien es cierto es aprovechable en muchos menesteres de la vida diaria, pero también es el mayor  erosionador y destructor de suelos por sus raíces  profundas  difíciles de erradicar y que ha desplazado casi al exterminio a la  gama de vegetación nativa de pajonales y chaparros propios de lugares altos que forman un colchón natural para captar aguas lluvias y evaporaciones que acumuladas hacen  los suelos ricos y aprovechables mejor aún reservorios naturales de agua. Las faldas del  volcán Imbabura, laderas altas del Lago San Pablo en su mayoría están saturadas de bosques de eucalipto, sin mayor capa vegetal lo que no permite absorber el agua lluvia al contrario facilita el escurrimiento y erosión del suelo dejándolo inservible. Durante años ha sido permisiva esta mala práctica y hoy ya están las consecuencias: no hay suficiente agua dulce para las comunidades a tal punto que deben realizar perforaciones profundas para alcanzar ríos subterráneos. En el antiguo México de los Aztecas sucedió algo similar, talaron  bosques primarios buscando aprovechar la madera pero no se percataron que destruían grandes acumuladores de agua, la  falta de líquido vital sería una de las  razones por las que  debieron abandonaron las grandes ciudades. En la cuenca del Lago San Pablo ya se estaría sintiendo los estragos de la siembra de eucalipto y posiblemente dentro de poco la población estará “muriendo de sed junto a la fuente”.

 

Pedro Manuel Ramírez

      pm_ramirezt@hotmail.com