Mis amigos los ministros

Cuando se anunció la creación del Ministerio de Cultura, me alegré por ello, parecía que por fin se estaba haciendo justicia a esta actividad trascendente en la vida de los individuos, los pueblos y las naciones. Los seres humanos no pueden vivir sin aire y sin agua, tampoco sin cultura. De hecho, los mismos alimentos son productos culturales que tienen que ver con la dialéctica relación del hombre con la naturaleza; la cultura no es sino naturaleza transformada por el hombre que a su vez lo transforma incesantemente un proceso que nadie se puede prescindir. Me alegré más cuando, uno tras otro, eran designados ministros grandes amigos con quienes he tenido una estrecha amistad e cultural y cuasi familiar y, del primero, a excepción de uno, al actual; me generaron expectativas que al final resultaron frustrantes pues nadie cumplió con las expectativas, a pesar de que con varios dialogué sobre utopías por las que habíamos luchado a lo largo de nuestras vidas culturales. De ninguna manera es por falta de talento que lo tuvo y tienen de sobra, más bien porque el modelo neoliberal no ve a la cultura sino desde el punto de vista de su perspectiva codiciosa de la acumulación de capital, si no la ven así, pues que la sigan manteniendo los utópicos. Lo que no saben los acumuladores es que la Cultura inclusive en este modelo económico, es un importante resorte del desarrollo económico, cosa que si lo entendieran, terminaría beneficiando a ellos y algo más hiciera el Estado por auspiciar la Cultura.