Milena Gusmán está lista para cumplir sus proyectos como reina

Ibarra. El son “A caballo vamos pal’ monte” se escucha en la casa de Diana Milena Gusmán Quiñónez mientras nos cuenta parte de su vida.

La caída que sufrió en su presentación con el traje típico del Valle del Chota, ahora es una anécdota de la que también obtiene el aprendizaje de levantarse más fuerte.

“En ese momento dije Dios ayúdame, voy a dar lo mejor de mí…” y así fue.

Trabajo. El emprendimiento es lo que eligió Milena como forma de vida. Es así que con Mgmodel’s enseña modelaje, pasarela, etiqueta, protocolo, baile, dicción y brinda clases de canto, entre otras actividades.

Ayudó a Nicole Ocles en foto pose y maquillaje, antes que la imbabureña obtenga el Miss World Ecua-dor 2018.

Ahora debe combinar su emprendimiento con su labor como reina.

“Voy a trabajar con muchas ganas y entusiasmo por mi linda ciudad porque soy una guerrera”, enfatiza.

Su vida. Nació hace 23 años en la Cuna del Arte, San Antonio de Ibarra, pero su familia es diversa, como la ciudad a la que representa como reina. Su padre Marcelo Gusmán es de Pimampiro y su madre Deisy Quiñónez, de Esmeraldas, de esta mezcla de culturas y etnias nace Milena, la joven mulata que se convirtió en reina.

La separación era constante con sus padres, ellos se dedicaban a la artesanía y por temas laborales debían salir de la ciudad. Con su hermano Miguel, Milena se dedicaba al cuidado de sus hermanas pequeñas, por lo que desde temprana edad aprendió los oficios del hogar.

En algún momento, ser reina fue su sueño, se identifica con la princesa Diana y en su parroquia natal le dicen “Dianita de Gales” y, de un sueño, pasó a una realidad de la que se siente orgullosa.

La pregunta en el evento de belleza a Diana Milena fue sobre los emigrantes, aunque algo nerviosa, respondió que como buenos ibarreños debemos apoyar a los extranjeros.

Y en carne propia Milena vive la realidad de la migración. Su padre emigró a España hace 10 años, por cuestiones económicas.

La decisión de su padre hizo que Milena, desde adolescente, a sus 15 años, empezara a trabajar para ayudar a su madre.

Combinaba sus estudios en la unidad educativa Víctor Mideros con el trabajo en la Fábrica Imbabura, atendiendo a los turistas, vendía teléfonos y también trabajó en una cafetería.

No descuidaba sus tareas colegiales, que las cumplía hasta la madrugada.

Durante un tiempo, su autoestima estaba disminuida pues la gente se burlaba de su cabello crespo. No le gustaba lucirlo, lo alisaba y se lo cortaba.

También le acomplejaba la gran cicatriz que le quedó en el abdomen y en parte de su espalda, por una cirugía debido a la peritonitis que casi le quita la vida a la temprana edad de dos años, una caída que sufrió complicó su situación, pero lograron salvarle la vida. “Mi madre me dice que yo soy su milagro”.

Milena es cristiana y las burlas por su cabello y el complejo por la cicatriz quedaron atrás. Ahora luce con orgullo su cabello ensortijado y la cicatriz que antes la avergonzaba, le recuerda que le salvó la vida.

Llega con el mensaje de cambiar el esquema de las mujeres para que no se sientan rechazadas por ser gordas, flacas, altas o bajas. Milena decidió amarse y con este mensaje trata de ayudar a los demás.

Una selfie con la reina Milena Gusmán. La soberana de Ibarra posa atenta con sus familiares y amigos que la felicitaron por el logro.
Milena pide a las personas que la apoyen para poder realizar sus proyectos y plan de trabajo que los tiene listos
Milena Gusmán Quiñónez en su presentación en traje de baño durante el evento de elección y coronación de reina de Ibarra.