Migrantes siguen buscando una nueva vida en el Perú, pese a la pandemia

Los pies con ampollas y las suelas de los zapatos desgastadas es el resultado de una larga caminata que emprendieron hace unos 30 días un grupo de venezolanos. El objetivo, como la mayoría de sus compatriotas, es llegar a Perú.

Mientras descansan bajo la sombra de un árbol, cerca del ECU 9-1-1, cuentan que la mayor parte del camino tuvieron que caminar y pocos kilómetros se transportaron en vehículo.

Aseguran que no vienen al país a “hacer cosas malas”, como han hecho otros extranjeros. El semáforo es un punto estratégico para este grupo de ciudadanos. El más joven, Abraham Pérez, de 19 años de edad, dice que solicita permiso para limpiar los parabrisas de los carros, pero que pocas personas acceden.

“En Colombia caminamos la gran parte de la vía, solo agarramos cinco carros. El problema es que hay muchos venezolanos que han venido a hacer daño acá, nosotros tenemos fe de trabajar y superarnos, por eso estamos aquí…”

Desde el Carchi hasta Ibarra hicieron tres días caminando. Ayer, pasado el mediodía iban a continuar con su trayecto porque el destino es Lima, Perú, donde mencionan que tienen un trabajo fijo.

Por ejemplo, Abraham era parte de un club de fútbol en su país, pero continuará con sus entrenamientos en Perú. “En Venezuela había pisado primera y segunda división, pero las cosas no daban”

La ciudad está llena de extranjeros que buscan un mejor futuro para sus familias. Sin embargo, la falta de empleo y la crisis económica les obliga a pasar la noche en parques, veredas o en lugares abandonados.

“Nos quedamos en una casita que estaba abandonada, dormimos bien gracias a Dios”, dice Abraham.

A pesar de que aseguran que vienen a trabajar y en busca de un buena vida, a Jesús García le han robado dos veces mientras descansaba por la noche, la primera vez fue en Colombia y la segunda aquí en Ibarra mientras dormían en la vereda.

“Estábamos agotados. A mí me dejaron sin nada, pero gracias a Dios conseguimos unos amigos venezolanos y me apoyaron con un suéter, gorra…”.

Jesús era obrero en su país, “lo que nos salía”, dice. En Perú, en cambio, llegará a trabajar como recogedor de verduras.

Desde hace unos años la migración de venezolanos aumentó por el problema político, “ahorita eso está demasiado duro allá, el sueldo no te alcanza para nada”, comenta Jesús. Para desayunar o almorzar llegan a un comedor que implementó el Municipio de Ibarra hace unas semanas.

Para ellos la pandemia no existe y mencionan que están con buen estado de salud, “a nosotros nos hicieron todos los exámenes”, asegura García.

En el comedor que asistieron, que está ubicado en Yacucalle, comenta Jesús, tuvieron que llenar un documento y responder una serie de preguntas, además, les tomaron la temperatura para prevenir posibles contagios de coronavirus.