“Mi sobrina, no volvió a subirse en un bus…”, dice sobreviviente de la San Gabriel

Ibarra. Sofía Ortega aún cojea, mirar las fotos de como quedaron sus piernas le desestabiliza notablemente. Recuerda con exactitud como empujaba inútilmente el bus que se apostó sobre sus extremidades inferiores y decenas de curiosos veían desgarrar su piel entre los fierros del bus, mientras grababan el accidente.

La tragedia de la cooperativa San Gabriel, suscitada el 24 de septiembre de 2017, marcó la vida de la familia Ortega Arcos. En el fatal percance perdieron a su madre, Regina, de 53 años, quien se desempeñaba como docente en la unidad educativa 28 de abril. La mujer venía de Quito, en el ‘bus de la muerte’ con sus hijas y su nieta, tomaron el transporte en la terminal de Carcelén, recuerda su hija Sofía., de 19 años.

“Salió apurado como si estuviera atrasado, luego de una hora me desperté porque le escuché a mi mamá golpeando la ventana y diciendo que pare, que baje la velocidad, además la música estaba muy alta, yo no me daba cuenta de todo lo que pasaba. Mi hermana le dijo a mi mamá que se sentara y sentí que el bus iba a girar a la derecha y se volteó, perdí el conocimiento”, agregó Sofía.

La joven mencionó que cuando despertó tenía el pesado vehículo encima. “No podía moverme y yo empujaba el bus y estaba desesperada, a unos metros estaba la mujer embarazada que falleció, más allá estaba mi mamá y le vi aplastada, alcanzaba a ver porque la gente alumbraba y grababa todo con flash”, añadió con indignación.

Detalles. La sobreviviente mencionó que la grúa se demoró bastante en llegar y ella les pedía que dejen de grabar y le ayuden. Recuerda que cuando el bus fue remolcado los paramédicos le jalaron y la piel de sus piernas se desgarró en las latas. No sabe cómo salió, porque el dolor hizo que se desmaye.

“Me desperté en el hospital de Otavalo mientras me cocían la frente, volví a perder el conocimiento y lo retomé en el hospital San Vicente de Paúl y ahí me dijeron lo que estaba, tenía polifracturas en los dos fémur y pérdida de tejidos. Les dijeron que no había solución y que debían amputar mi pierna izquierda y mi familia no quiso y me transfirieron al hospital Eugenio Espejo. Olía fatal, pasando dos días me operaban, tuve alrededor de 11 cirugías”, contó. La psicóloga de la casa de salud pidió que no le dijeran que había fallecido su madre y lo hicieron luego de un mes.

“Se me acabó todo, mi sueño siempre fue ser una profesional para ayudarle a mi mamá y hacerle feliz, tenía enojo, gritaba y lloraba demasiado. Las rehabilitaciones fueron feas y dolorosas, sigo mal con mi rodilla y me tienen que volver a operar, aunque sé que no existe solución, mi caso es muy especial por la pérdida grande de tejido que tuve. Mi sobrina se fracturó la nariz, le duele la rodilla y nunca más se volvió a subir a un bus, tiene terror, yo me demoré casi un año para volver a viajar”, finalizó Sofía.

Otra de las sobrevivientes. Gabriela Ortega comentó que la recuperación de su hermana fue muy dura, pero lo más difícil, fue darle ánimos para que no se rinda, ni se de por vencida. “Mi hija de 13 años aún tiene secuelas y no puede subirse a un bus, ella sólo viaja en carro particular, prefiere quedarse sola y no va. No podemos olvidar aún a mi mamá, ella está presente en todo, mi nena aún llora por su abuela, yo no puedo ir al cementerio, me duele demasiado. Siento a mi madre a todo momento, es algo espiritual”, mencionó la mujer.

Gabriela contó que el día del accidente le encontraron debajo de un asiento, y fue sacada arrastrándole con un costal y cartones.

“Pasó el tiempo, me dolía un poco la espalda, pero ahora no puedo estar sentada, me hicieron una resonancia magnética y me dicen que tengo tres hernias en la columna, una que está súper grande y dos pequeñas. Tengo también el nervio ciático comprimido, cojeo cuando camino y al pararme es un dolor tenaz, antes no se vio nada de eso, tomo unos sedantes bastantes fuertes”, concluyó la hija mayor de Regina.

VER ADEMÁS: