Meritocracia

jacinto salasSi escuchamos a los voceros del poder, el Ecuador es un ejemplo.  Aquí, desde que se instauró la revolución, prima la meritocracia. Empleados, funcionarios, autoridades de elección popular o de nombramiento están allí no por amistad, pertenencia al “Movimiento”, su apoyo a la empresa electoral, no. Qué va. Han llegado y siguen allí, por “sus méritos”. Porque el nuevo paradigma del país, se llama “meritocracia”.

Claro que no lo dicen y peor explican qué es o en qué se fundamenta, quién califica en la dichosa meritocracia. Porque los ciudadanos que ven mucho más allá de lo que aparece o dice la propaganda, tienen serias dudas  en torno al valor que se da a esa cualidad, juzgada y sancionada por el poder político. Si será por haber logrado una formación académica continua que le permita  responder, con eficacia y solvencia las exigencias que demanda un empleo o una función. O, tal vez, en demostrar capacidad y preparación en el ejercicio profesional. Quién sabe, a lo mejor, la reiterada palabra no significa otra cosa que “hacer méritos”, de esos que unos cuantos ciudadanos  muestran para captar un puesto y que otros se resisten a realizar porque  su conciencia o simplemente su dignidad  se lo impiden.  
La propaganda sostiene que hoy, al menos para ciertas funciones, se acabaron “las influencias, las palancas”. Puede que sea cierto. Pero no cabe duda, que aquellas  funcionan y muy bien en otras, para las cuales no se exigen ni hojas de vida, ni concursos de oposición, meritocracia. Allí están la Asamblea, los consejos y concejos. Porque si los hubiera posiblemente se evitarían ciertos papelones, muestras claras de incompetencia, cuya responsabilidad recae tanto en los nominadores como en quienes no pasan de ser otra cosa que tributarios obligados del que los nombró.
Si es cierta la afirmación de Peter Lawrence de que muchos cargos son ejercidos por incompetentes, habría que aceptar que los ascensos a funciones públicas o privadas por meritocracia no pasan de ser lo que muchos sospechan: propaganda.

 

Jacinto Salas Morales
salasjacinto@yahoo.com