Menosprecio hacia la vida de algunos

La tolerancia es la mejor virtud, todo lo disculpa y todo lo repara, puesto que soy imperfecto y necesito de la compañía del similar. Con lo placentero que sería cultivar ese espíritu cercano, solidario entre sí, siempre dispuesto a acompañarnos. Sin embargo, la sensación es otra. A veces cuesta admitir que el extremismo y el radicalismo se impongan violentamente por doquier, en un mundo cada vez más avanzado, que dice reconocer (más de boquilla que de hechos) los derechos humanos y las libertades, pero que falla en cuestiones tan básicas, como hacer realidad lo que es un deber moral, el aprecio y la consideración por el ser humano. Hay un menosprecio hacia lo diverso, verdaderamente preocupante, fruto de nuestra intolerancia y de nuestro espíritu discriminatorio, lo que nos exige una toma de conciencia social más respetuosa y tolerante. Desde luego, la mejor manera de combatir esta absurda locura, pasa por repensar la incongruencia de esos rechazos y ver el modo de convivir todos con todos, desde la autenticidad de lo que somos y a través de la naturalidad del hallarse bien que da sentirnos comprendidos. Indudablemente es necesario educar sobre el tema y enseñar a convivir. La solución está en nuestras manos, en la de cada ciudadano, en su forma de ser y de actuar, siempre sumando entendimientos para vivir unidos con dignidad y quietud. A mi juicio nuestra gran asignatura pendiente, es aprender a vivir con los demás, con los diferentes a nosotros. No se puede depreciar ninguna vida.