Menos lástima. Más compasión

e2La compasión es hermosa, la lástima es una ofensa. Un ser compasivo se apiada en su amor, un egocéntrico siente lástima por los demás. Si ayudas a cruzar la calle a un anciano o un niño, hazlo por amor, no por aparentar ser “buena persona” porque eso es ego. Si ayudas a bajar una lanfort a alguien que no puede acceder a ella, es compasivo, pero si te sientes orgulloso de tu acción, te estás tornando soberbio. Me dan risa los que hacen algo por lástima, porque en el fondo de ellos se sienten superiores sin darse cuenta de sus acciones inferiores. La reina que entrega fundas de caramelos a los niños en navidad es ridícula, porque dentro de su inexperta política, quiere que los demás la vean como una mujer buena; busca ser simpática, salir en los titulares de prensa. No elijas entre lo que está bien o está mal, solo discierne; a veces hasta las cosas malas nos dan una mejor enseñanza que las que supuestamente son buenas y nos llenan de arrogancia. Cuando Dogen vivía, él era un gran maestro Zen. Un día una mujer prostituta, que se había fascinado con su mensaje, fue a verlo personalmente, luego de acumular una buena suma de dinero para apoyar su misión espiritual. De repente sus discípulos rechazaron el dinero porque sentían que provenía de una acción impura; pero Dogen salió, se arrodilló ante la mujer y le agradeció con estas palabras: – gracias por tu entrega y bienvenida seas por lo que eres – eso es humildad, postrarse hasta donde una mujer de mala fama; luego Dogen la tomó como discípula y le mostró que no es cuestión de hacer algo para la espiritualidad sino de ser en esencia un ser espiritual. La mujer regaló todas las últimas monedas que tenía a los mendigos y codiciosos;  luego se refugió en el más bello jardín de sí misma, en la eterna primavera de su propio interior.