Mendicidad y abandono, un problema social en Ibarra que se lucha por erradicar

calleIbarra.- Esteban (nombre protegido) llegó a Ibarra desde su natal San Lorenzo hace 5 años. Su vida transcurre en las principales calles, a veces opta por vender caramelos en los semáforos, en otras ocasiones limpia parabrisas y cuando corre con mejor suerte, vende flores por las noches en las afueras de los centros de diversión.

Para el joven de 14 años la vida ha sido una constante lucha entre hacer lo correcto y buscar la forma de sobrevivir.

Es el tercero de cinco hermanos, a su padre nunca lo conoció y su madre se marchó a Guayaquil, dejándolo junto a sus hermanos menores al cuidado de su abuela. De su hermana de 19 años y su hermano de 16, no sabe nada, pero cree que están en Quito, ya que siempre tuvieron la ilusión de vivir en la Capital.

Testimonio. El esmeraldeño aseguró que la gente los mira mal, con cada gesto sienten el desprecio de los transeúntes.

“Ellos piensan que les vamos a robar, algunos sí nos han hecho quedar mal con sus “mañas”, pero no todos somos así. Las personas que venden en los mercados, o los colombianos y venezolanos que venden comida por las noches nos regalan alimentos cuando les sobra, bien dicen que los que menos tienen, son los que más dan”, menciona el joven mientras está atento al cambio de la luz del semáforo.

“Yo, a duras penas llegué a Ibarra. No todos los que estamos en la calle somos malos, yo sólo busco monedas para sobrevivir. No puedo decirle en donde duermo porque llegan los policías y nos levantan a la madrugada, pero aquí estoy mejor que en mi tierra. Allá capaz ya estuviera muerto”, menciona Esteban antes de retirarse con notable inquietud. Los chicos y niños de la calle temen a los miembros policiales, piensan que les van a causar molestias o interrogar, sin embargo el trabajo de la Dinapen se ha encaminado en proteger su integridad y buscar estrategias de integrarlos a su núcleo familiar.

Labor. Ismael Varas, jefe de la Dinapen en Imbabura, señaló en una entrevista para diario EL NORTE que los agentes realizan indagaciones y descubren que algunos de los niños y adolescentes son familiares de quienes se dedican a la venta informal. “El problema es que sacan a los menores a las calles y los dejan solos” aseguró.

El jefe policial también señaló que la gente que identifique a menores trabajando en las calles debe dar aviso a ECU 9-1-1 para poder intervenir.

“El trato en la mendicidad y trabajo infantil es igual, se aborda al menor, se le busca una familia, sea directa o ampliada, o alguien que se haga responsable del menor. Sino existen familiares se coordina con el MIES o la Junta de Protección para ingresarlos a casas de acogida, si así lo amerita el caso ”, agregó.

Las niñas, niños y adolescentes pueden ser acogidos, en la provincia, en la Aldea SOS o la fundación Cristo de la Calle.

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Mendicidad. La situación de vulnerabilidad también afecta a los adultos mayores que deambulan en las calles en busca de una moneda. Sus desgastadas manos demuestran que su vida ha transcurrido en medio de la pobreza y necesidad. Con ropa sucia y en su mayoría descalzos, caminan de forma lenta esperando una caridad.

Desde tempranas horas de la mañana se nota su presencia en las calles. A algunos el sol canicular les termina de agotar y se sientan en cualquier acera a dormir, otros ya ni siquiera caminan y solo estiran la mano en las afueras de los sitios donde se aglutina más gente.

Acciones. Elena Larrea, directora distrital del MIES, asegura que, entorno a la mendicidad, realizan una articulación interinstitucional con el ECU 9-1-1, Policía Nacional y el Ministerio de Salud Pública cuando se trata de adultos mayores, que es un tema que les preocupa a nivel provincial, ya que comprobaron como los están abandonando desde las comunidades, “con ellos hacemos un abordaje apenas nos dan el aviso de que tenemos un adulto mayor abandonado”, dijo.

Integridad. Larrea aseguró también que se encargan de verificar su origen familiar, trasladarle a su hogar y en el caso de no tener familia, se les lleva a un centro gerontológico, en donde reciben atención médica e integral.
“En la provincia de Imbabura el MIES tiene convenio con cuatro centros públicos. En Ibarra el León Rúales, en Atuntaqui el

San Vicente de Paúl, en Cotacachi el Carmen Ruíz Echeverría y en Otavalo la Cruz Roja. Nuestro objetivo es erradicar el trabajo infantil y eliminar cualquier síndrome de mendicidad.”, dijo.

La funcionaria también aclaró que este es un tema de sensibilización a la ciudadanía, ya que en muchas ocasiones la población es propulsor de la mendicidad al dar una limosna o una ayuda sin saber la consecuencia que puede tener esto.

“Si queremos ser solidarios canalicemos de la mejor manera, no propiciemos entregar una limosna que no sabemos a manos de quién va a ir a parar, más aún cuando muchos de los niños, jóvenes, personas con discapacidad y adultos mayores que vemos pidiendo limosna en las calles, están siendo víctimas de trata de personas y de mafias que les sacan a pedir caridad y peor aún, les mantienen en malas condiciones”, dijo.

Otra problemática. En medio de la gente es común ver a un corpulento ciudadano que habla solo y gestualiza como si estuviera enfrentando a un oponente en el ring. El alto sujeto es una persona con problemas mentales que atemoriza, en algunos casos, a quienes coinciden con él.

Quienes lo identifican como ‘el boxeador’ aseguran que fue un destacado deportista de la provincia, sin embargo de su pasado solo queda el recuerdo.

Como él, muchas personas con enfermedades y problemas mentales recorren las calles. Desde el MIES aseguran que con ellos la intervención es casi inútil, ya que requieren un tratamiento diferente, sin embargo son llevados a centros psiquiátricos pero enseguida buscan la manera de escaparse y salir nuevamente a deambular en las calles o en el hogar que han escogido.

En su perdida mente creen que les están haciendo daño o encerrando y no quieren, ni asimilan, la ayuda prestada.

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Tratamiento. La psiquiatra Anita Tello explica que estas personas sufren transtornos de las sustancias neurotransmisoras al núcleo cerebral y que esto puede presentarse a cualquier edad.

“Los transtornos mentales se pueden también desarrollar por problemas orgánicos, como un golpe o traumatismo o por problemas emocionales graves o fuertes como depresiones, separaciones, divorcios, abandonos o viajes. Cuando estos problemas se detectan a tiempo, pueden ser tratados”, explica.

La profesional menciona que lo más frecuente en niños y adolescentes es la depresión, adicciones, transtornos conductuales, hiperactividad y esquizofrenia, mientras que en adultos suelen presentarse pérdidas de memoria.

“En la demencia y esquizofrenia tienen que tomar medicamento de por vida. Se pueden suspender o bajar dosis, dependiendo de cómo el paciente vaya evolucionando”, dijo. Asegura que quienes padecen estas enfermedades sin medicamento no va a mejorar ni estabilizarse.

“Cuando las personas no son tratadas o no toman su medicamento, las patologías se complican y viene la crisis psicótica con agresiones, violencias, alucinaciones, delirios. Son un riesgo para la sociedad y el entorno familiar porque se agreden, lastiman a las personas cercanas y pueden matar o matarse por las alucinaciones”, finalizó.