Manuel Segovia es un ejemplo de tenacidad y buen servicio

El chaleco rojo lo identifica, pero dentro de su trabajo, desde que uno llega a la puerta exterior, hasta ser trasladado al ingreso del Hospital San Vicente de Paúl, todos le conocen como ‘Manuelito’. No puede ser de otra manera, Manuel Alejandro Segovia Castro lleva 21 años trabajando en atención al usuario del HSVDP.

Él forma parte del grupo de personas con discapacidad, pero para nada es un impedimento para moverse, de un lado a otro, respondiendo las preguntas de los usuarios.

Detrás de un cristal, en uno de los espacios de la amplia sala de espera, está un muñeco de foamix sentado sobre una silla de rueda y sosteniendo un cartel que reza: “Yo hago un trato por el buen trato”, y esa es la frase que Manuelito tiene en su boca.

A él lo visitamos en su jornada laboral y durante la entrevista, con las disculpas del caso, no dejo de solucioanr las necesidades desde su cubículo.

Citas médicas, doctores de turno, fichas, historias clínicas, todo pasaba por sus manos y sus compañeros no dudaban en darle una mano cuando él lo requería.

Manuelito tiene 45 años y da las gracias a Inés Almeida quien le pudo ubicar en este puesto, el cual lo desempeña con cariño, el mismo que recibe de los usuarios. “Trabajando aquí gracias a Dios pude sacar la Licenciatura en Secretariado Ejecutivo de la Universidad Técnica del Norte”.

Superó un accidente
A los 16 años tuvo un accidente, en el interior de una cueva. Un derrumbe aplastó su cuerpo y le afectó su columna vertebral. “Deje de estudiar tres años y luego tras varias citas de de rehabilitación física y psicológica decidí acabar mis estudios en el Colegio Mariano Suárez Veintimilla”, recuerda mientras ordena unos documentos. Al finalizar su jornada laboral, sin falta, visita a su mamá en la ciudadela San Ubaldo, en Huertos Familiares. Este pequeño barrio ibarreño acoge exclusivamente a personas con discapacidad y fue construído gracias a su gestión y la de su amigo Vinicio Sánchez.

Allí él tiene su casa en donde vive su madre porque su residencia actual está en el antiguo colegio Ángelo Franco. “Allí vivimos 13 personas con discapacidad en silla de ruedas y es un edificio que presta todas las comodidades”.

“Cuando uno es adolescente , uno piensa que tiene el mundo a sus pies y quiere hacer muchas cosas, lamentablemente a los 16 años se me truncó esto; pero luego de tres años dificiles en casa, decidí salir adelante por mi madre.

Ella y yo vivíamos solos y ha sido mi soporte estos años dándome mis estudios”, reflexiona y hace una pausa para tomar aire. “Para quien camina es fácil levantarse tomar sus cosas e irse, para nosotros, los que estamos en silla de ruedas, es un proceso diferente, que toma tiempo y uno debe aceptarlo”.

Manuel conduce un Fiat Uno (adaptado) para trasladarse del hospital hasta la loma del Churo en Huertos Familiares y visitar a su madre, quien lo recibe dándole su bendicion. Ellos son cristianos y esa fe en Dios ha sido el motor para que se levanten de la adversidad. Su novia lo acompaña a todo lado, durante su trajinar. En la noche llega a la residencia y da gracias por otro día más de vida.