Manabas muestran su garra y su fe

manabiMANABÍ. La vida está llena de momentos. Por ejemplo, un terremoto de 7.8 grados devastó la costa norte de Manabí y el sur de Esmeraldas. Según cifras oficiales hubo 660 muertos, aunque es muy difícil precisar la cantidad real de víctimas fatales que quedaron bajo los escombros. Pedernales se caracteriza por tener un malecón turístico frente a su mar azul y por la producción camaronera de exportación: tiene alrededor de 26 000 habitantes. La catástrofe provocó graves efectos: destrucción de viviendas, devastación de la ciudad y miles de heridos y damnificados.

LA DESESPERACIÓN

Esa noche, los pedernalinos y los turistas corrieron sin rumbo desesperados y llenos de miedo mientras las casas y las calles se aventaban a pedazos. Los grandes hoteles, las casas, los cables de luz y las personas fueron cayendo por segundos. La gente intentaba buscar un lugar para protegerse y sobrevivir.

Horas después el rescate comenzó, de diversos lugares empezaron a llegar bomberos, policías, militares, personal de la cruz roja y voluntarios civiles.

Los grandes medios de comunicación del país permanecían en total silencio, indiferentes a la tragedia. Pero, en las redes sociales los ecuatorianos y el mundo entero iban enterándose de a poco la dimensión de la catástrofe. El terremoto fue como un viento que atormentó a todos, no había luz eléctrica, agua potable, servicio telefónico y los celulares tampoco servían. Las carreteras de acceso estaban cortadas. Pedernales estaba destruido.

DESTRUCCIÓN

Hoy, un mes después, lo que quedó en pie con daños infraestructurales se derrocan, el 80 % de las edificaciones están afectadas. Nadie está preparado para nada, casi un minuto se sintió la ira de la tierra, la gente temió que un tsunami complementara la tragedia, fue entonces cuando empezaron a correr hasta una zona alta para ‘salvarse’ de lo que presuntamente se aproximaba.

Cuatro semanas después aún se siente el mal olor de las víctimas que quedaron enterradas cuando se camina por el malecón. Las maquinarias pesadas, los militares y las numerosas cintas amarillas de emergencia ahora son parte de la vida diaria de este cantón. Los manabitas de este sector están viviendo los momentos más duros, no tienen casa, la ayuda ahora es poca y no tienen trabajo.

La mayoría va a los lugares donde vivía o trabajaba, y se queda de pie recordando los momentos que vivieron horas antes de la tragedia, y lo que esos lugares significaban en sus vidas. La conversación de los vecinos ahora es lo que sucedió, cada uno cuenta su historia como la vivió: “Estaba con mi señora en la planta baja y en la segunda planta se encontraba mi hijo, una nieta y otro niño. Parecía que la casa daba la vuelta por todos los lados, se me cayeron unas paredes”.

Pedro Mero, de 68 años, llegó a Pedernales en 1958. Él está frente a la edificación destruida, mira con tristeza la demolición. Pedro no quiere recordar el terrible momento que vivió hace un mes. Este habitante aprovechó a las maquinarias que estaban cerca de su casa para demolerla, porque tuvo daños infraestructurales, pero antes de eso hizo una solicitud al Municipio del cantón y al Miduvi. “Las autoridades nos dicen que puede haber una ayuda del Gobierno, pero no aseguran”. Pedro vive con 20 miembros de su familia en otra casa que no sufrió daños.

La construcción en el mismo terreno donde estaba su casa está prohibida. Su trabajo es la pesca, pero no encuentran el producto en el mar, el comercio está malo. “Gracias a la ayuda que hemos recibido estamos casi bien, nos dejan comida y eso nos beneficia un poco”. Los moradores calculan unos 500 fallecidos en este sector porque hay personas que han encontrado a sus familiares y no están en la lista oficial.

REACCIÓN

La rutina en Pedernales es de hombres y maquinarias que trabajan retirando los escombros mientras las personas pasan en los refugios o empiezan a pensar en la reconstrucción de la ciudad. . “No podemos dejar botado este lugar porque tenemos que trabajar. ¿Qué podemos hacer? hay que darle vida nuevamente a nuestro pueblo porque si lo abandonamos va a morir”. Aurentina Cagua tenía un local de comida en el malecón de Pedernales, en donde ahora solo hay escombros.

Luego de los ocho días de recuperar los cuerpos de las personas que estaban enterradas en los escombros, empezó la limpieza de las edificaciones. Hoy se trabaja en planes para la reconstrucción.

A Moisés Bota, concejal del cantón, le preocupa lo que vaya a pasar después de este primer mes donde la novelería de los ecuatorianos por el terremoto pase y todo parezca normal, es ahí cuando realmente se va a necesitar más ayuda.