“Mami sabía que ibas a venir, pero no sabía cuándo”

OTAVALO.- Dos años y cinco meses tuvo que esperar la otavaleña Lilia Acosta para reencontrarse con su pequeño hijo de 10 años de edad, el cual desapareció de su hogar en febrero de 2019, secuestrado por su propio padre.

“Gracias al apoyo de tanta gente que se me unió, que tuvo empatía con mi dolor. A todos esos grupos de desaparecidos que pude encontrar, que podían sentir el mismo dolor, la misma preocupación que yo sentía, y que me recibieron sin juzgarme. Gracias por su apoyo en esta campaña de visibilización y viralización que hice, mediante ella apareció un ángel, quien con una llamada anónima me envió fotos y videos para que compruebe que era mi hijo y el padre de mi hijo, y resultó ser positivo”, indicó la madre del menor encontrado.

Según relató Acosta, el incidente se produjo el 14 de febrero de 2019, cuando salió a realizar una diligencia en el centro de Otavalo. Su hijo se quedó con el padre en casa, sin embargo, al retornar se percató que no estaban. Llamó al teléfono del papá del pequeño, pero este no le contestó nunca más.

Desesperada acudió a las autoridades y a la ciudadanía en general a pedir su apoyo, y así inició una larga travesía por recuperar a su retoño.

“La campaña fue muy rigurosa. Me uní a la Asociación de Familiares de Personas Desaparecidas, con quienes hicimos unas caravanas en diferentes ciudades del país. Personalmente con mi familia también recorrimos muchísimas provincias pegando afiches, pidiendo ayuda en medios de comunicación. Hace dos o tres meses logré comprar otro carrito, puse las fotos de mi hijo y del padre en el carro con mensajes que decían “ayúdame a encontrarlo”, “sigo buscando a Joshua y Manuel”. Todo esto entre otras cosas”, agregó.

Pero la búsqueda de Joshua dio un giro de 180 grados, su madre recibió una comunicación anónima de una persona que mediante las redes sociales había reconocido al niño desaparecido en el vecino país de Colombia, específicamente en el poblado de Timbío, departamento del Cauca, a unos 13 kilómetros de Popayán.

“La misma noche de ese viernes, cuando ya confirmamos que se trataba de mi hijo, salimos con mi familia hacia Colombia. Como la frontera está cerrada hablamos con los policías, les suplicamos, les rogamos, les informé del caso, pero no me ayudaron, no me dejaron pasar. Lo que nos recomendaron fue que pasemos por trocha, y así lo hicimos en mi desesperación de encontrar a mi hijo, nos arriesgamos y pasamos por ahí”, contó.

Luego de estos inconvenientes presentados en el viaje, producto del cierre de la frontera, la familia del desaparecido pudo pasar por un camino alterno, para finalmente reencontrarse con el pequeño el domingo 11 de julio, en horas de la mañana.

“Mi hijo en ese momento estaba con el padre. Tomamos contacto con las autoridades de Timbío y ellos lo retiraron de la casa donde estaban viviendo y me lo entregaron a mí. Él está muy bien, a pesar del problema que tiene el padre lo ha cuidado, no debidamente como tiene que ser la vida de un niño de 10 añitos, pero aparte de eso sí, está en buen estado de salud, contento y feliz”, finalizó.