Madres de familia preparan el almuerzo escolar de sus hijos

almuerzoTULCÁN. Mientras la bulla de los niños ingresa al comedor y se oyen las pequeñas voces con comentarios de qué habrá hoy de comer, Guadalupe Cuaspud, prepara cariñosa y paciente los alimentos.

En un día cualquiera. De a poco las risas y comentarios infantiles se adueñan del comedor de la Escuela José María Velasco Ibarra de Chapuel, mientras en una modesta mesa se alistan los platos. “Por cariño a nuestro hijos, a nuestro niños, incluso se cocina con más amor y dedicación”, dice Guadalupe, mientras Margarita y Patricia, madres de familia de la escuela le ayudan a servir.

Los niños son muy felices. “Hay niños que son extremadamente pobres y los alimentos que aquí les damos ya es algo, porque muchas veces en la casa tienen que conformarse con una sopita simple y nada más”, dice Margarita Pantoja, al tiempo que uno de los niños entra a pedir un poco más.

Mientras tanto, en la mesa todo es casi una fiesta, la alegría de compartir alimentos entre amigos, reúne todos los días a cerca de 130 niños que por turnos van ingresando al comedor. Cuando observan que un cámara captura su jornada no dudan en sonreír, abrazarse y molestar a los compañeros que se registran en el lente.

Esa es la jornada diaria que las madres de familias de la escuela han organizado para mediante turnos diarios de tres mujeres, cocinar y brindar los alimentos a los niños y profesores.

Hay aporte del Gobierno Provincial. El programa de alimentación se sostiene gracias a la entrega mensual que el Gobierno Provincial de Carchi, a través de la Prefectura realiza a esta institución. “El arroz y otros víveres llegan cada mes y las verduras y frutas cada ocho”, dice Guadalupe, al tiempo que expresa que la ayuda entregada es fundamental para los niños que en su mayoría provienen de hogares con escasos recursos económicos. “A veces en la casa los papás no están y hay niños que deben aguantar hasta que alguien llegue, entonces si se van de aquí almorzados ya les ayuda”, dice.

En la parte final. Cuando se escucha ya el movimiento de las bancas, es la señal de que terminaron de almorzar, Alexander Pantoja, junto a sus compañeros, regresan al aula para tomar sus cosas y salir a casa. Por su parte las madres de familia empiezan a limpiar y ordenar todo para un nuevo día en que la voluntad y el deseo de servir a los más pequeños les harán entregar lo mejor.