Madres comunitarias aprenden piñatería

p13CARCHI Con 45 años de edad Carmita Albán de la comunidad San José de Pinanquillos de la parroquia García Moreno, en el cantón Bolívar, se instruye en piñatería con material reciclado. La idea es replicar sus conocimientos a madres comunitarias como ella y a los niños que están bajo su cuidado.    

La iniciativa se desarrolló ayer en el Teatro Municipal de San Gabriel con la participación de 35 personas entre hombres y mujeres que son madres comunitarias. La Federación  de Asociaciones Comunitarias del Carchi (FEDACC)  Child Found y el Consejo Cantonal de Protección de Derechos del Municipio de Montúfar desarrollaron esta propuesta para que las madres comunitarias de los cantones se instruyan y fomenten el emprendimiento y la consercación ambiental en los menores.


Patricia Lloré, instructor,a señaló que la idea es que las participantes aprendan a realizar piñatería usando material reciclable. Cada artículo puede hacerse usando menos de 1, 50 dólares, pues se compra lo mínimo como papel crepé, goma, globos y silicona, pero la parte esencial; es decir la estructura de la piñata se elabora con cartón. Ayer, las talleristas aprendieron diversos modelos, técnicas que pueden aplicar para un buen diseño. Se alistan para aprender otra actividad similar usando botellas plásticas.

Carmita Albán tiene siete hijos pero desde hace 6 años decidió además hacerse responsable de una parte de la instrucción de 24 niños. Explica que una madre comunitaria es aquella que está pendiente de la comunicación entre los niños y los padrinos extranjeros. Se trata de un programa de voluntariado denominado Aflatoun. Este es un programa que se basa en dos cosas básicas: dar a los niños un sentido de sí mismo y darles un sentido de comunidad. En la formación se topan temas sociales y financieros. Los niños aprenden derechos, ahorros, conceptos financieros básicos, y acerca de emprendimientos.
Los menores de las parroquias se afilian a este programa  desde los 3 meses a los 3 años. Continuamente los denomiados padrinos envían cartas y recursos  económicos para destinarlos a educación y salud de los menores. Las madres comunitarias están atentas al proceso individual de cada niño a su cargo. Y para eso se capacitan constantemente en temas como emprendimiento.

Y esa responsabilidad la asumen incluso jóvenes mujeres como Alexandra Ortega de 20 años, quien desde los 15 es madre comunitaria en la parroquia San Isidro del cantón Espejo.
Ella tiene a su cargo 18 niños y dice que no es un trabajo complicado. Lo que sí asegura es que debe existir auténtico voluntariado, pues no reciben ingresos por su labor. Madres como Viviana Cuásquer dicen que lo hacen por ayudar a los niños de su comunidad y aprender en el camino diversos temas que les ayudan a emprender.
Otras voluntarias como Susana Guerrero, cuentan que ser madres comunitarias y capacitarse constantemente en la educación de los menores es una suerte de pago para ella, pues dice que le ha ayudado a nivel personal a comprender mejor la manera de instruir a sus propios hijos.

Y en esto coincide Carmita Albán quien admite que antes se creía en el campo, que el castigo, los baños de agua fría eran las únicas maneras de corregir; hoy sabemos lo importante que es dialogar, escuchar, entender a nuestro hijos, dijo la tallerista.