Luis Morales mantiene viva la tradición de los telares

OTAVALO. El tejido manual es un oficio que se resiste a desaparecer. A pesar de su industrialización todavía existen artesanos que trabajan en telares. Son pocos pero Luis Morales, está convencido que ese trabajo, que lo aprendió hace más de 50 años seguirá vigente.

Promotor. Él, es uno de los pocos artesanos de Imbabura, que mantiene viva esta actividad que ya se volvió una tradición. “Aprendí de mis padres. Ellos lo hicieron de mis abuelos; Y yo les enseñé a mis hijos. Esto no desaparecerá”, vaticina el emprendedor otavaleño, que ha recorrido el país enseñando la técnica ancestral de tejidos. Sus productos son exclusivos y vistosos. El diseño y colorido dan el toque de distinción a la marca ‘Tejidos Indianos’, que se exporta a los mercados de Europa y Norteamérica.

Artículo. Bufanda, chalinas, hamacas, colchas, acrílicos, lana, ponchos y tapetes, son parte de la gama de productos que Morales oferta a la comunidad. Desde estas máquinas se puede producir desde los más gruesos tejidos a los más finos. Desde las pesadas alfombras de lana hasta los finos damascos de seda. Todo depende de la inspiración que el artesano quiera dar.

Sus productos no solo son comercializados en la provincia. Por lo general, Morales, es parte de las ferias itinerantes que organiza el Ministerio de Industrias y Productividad. “He ido a Loja, Manta, Playas, Guayaquil, Shushufindi”, explica el artesano de 62 años.

Antecedentes históricos. Para el antropólogo Fernando Torres, los indígenas otavaleños, heredaron sus habilidades de sus antepasados. “Ellos hallaron los patrones y modelos de sus tejidos, en las tumbas de sus ancestros, quienes elaboraban sus prendas en telares de madera y con lana de borrego”, corrobora.

Empresa familia. Morales es uno de los pocos artesanos otavaleños, calificados por la Junta Nacional de Defensa del Artesano.

Su historia empezó hace más de 40 años cuando se casó. Originario de la parroquia San Roque, en el cantón Antonio Ante, Morales defiende lo que es su arte. “Me casé en 1978, empecé como operario, pero esto lo aprendí desde mi niñez”, recordó.

Pero no solo él, está detrás de esto. Su esposa Luzmila Maigua y su hijo José Santiago, son parte de la empresa que está consolidada desde hace más de 30 años. De esta manera se busca mantener un oficio que se ha convertido en una tradición familiar. Además de ayudar a rescatar la tradición de pueblo kichwa.

Luis Morales, es uno de los pocos artesanos calificados que siguen utilizando la técnica del tejido telar de pedal. Este oficio se niega a desaparecer en Otavalo.
Los distintos tipos de hilos utilizados para los tejidos, dan vida y colorido a los artículos que son comercializados en el país.