Luis Andrade Galindo, un exalcalde que aprendió el arte del hipnotismo

Ibarra. El doctor Luis Andrade Galindo, el respetado exalcalde de Ibarra, el jurista probo, el docente universitario que dejó huella en la PUCESI, el culto personaje que plasmó sus rasgos y su intelecto en varios libros que reposan en la biblioteca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, núcleo de Imbabura, deja escrito en su último libro, una faceta que quizá para muchos es desconocida.

El arte de hipnotizar. En su juventud, desde las aulas del “patrón” Teodoro Gómez de la Torre, incursionó en este campo. Al inicio, como él mismo cuenta, lo hizo entre amigos y como un sano pasatiempo, luego su “fama” se extendió a los escenarios, gracias a que en los años 50 del siglo pasado llegó a Ibarra el famoso hipnotizador español “Fassman” que causó furor, pues venía precedido de mucha fama.

Fue él quien en una de las presentaciones invitó a alguien del público a que lo imitara, para hacer dormir a una gallina, a un conejo o a una persona. Ahí estaba solícito –pero presionado por los amigos inquietosos desde la galería- el joven Luis Andrade Galindo que bajó al escenario del teatro Gran Colombia y cumplió con el cometido. Fassman, admirado, le invitó a recorrer el mundo con él, “pero no lo hice, porque yo le dije que era hijo de familia y de mi casa yo no me muevo”, señaló.

¿Qué objetivo tiene este libro? Dejar un testimonio ante la historia de la ciudad. Siempre me gustó incursionar en los temas religiosos, filosóficos, intelectuales y la magia que siempre me llamó la atención.

¿Cómo se inició? Leía muchos libros sobre el arte de hipnotizar. En el barrio de la Estación, en la escuela Pedro Moncayo, nos reuníamos todas las noches. Poco a poco iba resultando, porque aquello de concentrarse yo considero que es una parte en la vida de todo individuo.

¿Cómo hizo para subir a los escenarios? Me encontré con Silvio Morán y con su padre el profesor Abelardo Morán Muñoz y les propuse que me ayuden a construir la imagen de mi personaje. Me dio grabando la danza ritual del fuego, me ayudó con la iluminación y ahora faltaba el nombre y entre risas le dije que me voy a poner el nombre ‘Kressmer’, muy parecido al doctor ‘Fassman’.

¿De dónde salió ese nombre? Franz Anton Mesmer es uno de los precursores de las ciencias internas y de ahí tome el nombre de Kressmer (con dos s) que sonaba similar a Fassman. El señor Rosero del parque La Merced me ayudó con la fotografía y cuando comienzo a actuar con ese nombre, conseguí un frac alquilado y me lancé al ruedo.

¿Qué tiempo duró esta experiencia como Kressmer? Muchos años. Luego del colegio fui a la universidad y ya graduado de licenciado entré a las Fuerzas Armadas. Ahí un Coronel de apellido Vaca que era entusiasmado con estos temas de la hipnosis, conoció de mis habilidades y claro, fue fatal porque me tenía haciendo doble trabajo (risas).

¿Se presentó con las FFAA? Por supuesto, en el teatro de un recinto militar, el coronel Vaca me dijo que me presente e hipnotice. Lo hice con el mejor de los agrados y me di cuenta que los militares se duermen más fácilmente (risas).