Los pies que habito

myriam valdiviesoLos pies son las alas que nos permiten volar por el mundo al amparo de la prisa o el descubrimiento, son las anclas que nos atan a la tierra para recordarnos que nuestros pies en la tierra son raíces de identidad, son la fuerza de la avanzada, el freno a la intrépida carrera, son el vínculo de nuestro cuerpo con el espacio físico, la caricia a la energía que emana de la tierra, son la locomotora menos contaminante y más ecológica, son materia renovable  frente al cansancio, herramientas cómplices de cuantas herranzas.

Los pies luchan por sobrevivir frente a la avalancha de las cuatro ruedas, porque el ser humano se volvió cómodo y facilista en nombre de la modernidad,  ya no  gusta del esfuerzo, claudica frente al desafío, se repliega a sumirse tras un volante, a mirar tras un parabrisas, tiene nuevas sensaciones al  ver crecer su ego  y status circulando  sobre ruedas. Una realidad fulminante nos coloca frente al ahogo y la desesperación, al constatar que cada día es más difícil movilizarse por la excesiva cantidad de vehículos, son los automotores los protagonistas de las ciudades grandes y pequeñas, ya no hay diferencia; ellos se apropiaron de nuestras calles,  mangonean a su antojo, pitan con descalabro, irrespetan las señales de tránsito, rebasan hasta nuestra intención de detenerles.  Diariamente somos hostigados por su presencia aniquiladora en las vías, apropiándose del espacio que debería ser vital para los humanos, hoy usurpan el mundo que creamos para nuestro solaz, las ciudades  se han diseñado en función de la movilidad automotriz  y no  al amparo  de la necesidad de espacio público de sus habitantes. El hecho es que en cada vehículo hay un humano que le mueve, que le da poder; un humano que no dimensiona la gravedad del problema, que no comprende la urgencia de inventar otras formas de movilidad, que se niega a utilizar los  pies  para llegar a su destino. Claro está que en las grandes ciudades esto sería realmente difícil por el tiempo que le demanda,  pero en estos casos el uso del transporte público es una opción, así como la bicicleta y hasta los patines. En pocos años más serán millones, superarán  en construcción y venta a los nacimientos humanos, si cada año se paren cientos de vehículos que aspiran ser acogidos en algún hogar que se devanea en la escala social, mientras nuestros pies esperan ser lanzados al desafío de descubrir el mundo en el que vivimos…

 

Myriam Valdivieso Cox
mival63@yahoo.com