Los diezmos

Esta vez la palabra diezmos se ha posesionado por las acciones desatinadas de los asambleístas que mensualmente les cobraban a su equipo de trabajo, una tarifa económica por salario recibido.

Ya no nos sorprende nada, la política ecuatoriana refleja nuestra idiosincrasia, los asambleístas que para términos de la democracia deberían ser el reflejo de la sociedad, potencializan la miseria humana.

Vergüenza nacional. Este tipo de acciones son prácticas corruptas, porque no respetan a las personas y violenta sus derechos laborales.

El pretexto es burdo, “son contribuciones voluntarias para el partido” y claro era tan voluntario que les exigían hacer sus pagos en efectivo para no dejar rastros, o les obligaban a pagar sus tarjetas de crédito y hasta que realicen depósitos directos a sus cuentas personales.

No están fuera de estos hechos los asambleístas de nuestra provincia, un amigo cuyo nombre lo omito para precautelarle, contaba que un cónyuge era la persona encarga a inicio de mes de “pasar el sombrero” por los empleados ubicados.

Vergüenza local. Esto de los diezmos no es nuevo, en alguna parte del tiempo perdido se fue cimentando. Sería bueno conocer quien no ha incurrido en el tema, para reconocerlo públicamente, pero al resto es necesario que les caiga la ley.

Creo que la suerte de la vicepresidenta Vicuña, está echada.