Llegan a la iglesia para desayunar

iglesiaLa Basílica La Merced no solo recibe a sus feligreses, también llegan al templo decenas de personas, en su mayoría adultos mayores. Ellos no solo escuchan de las obras de misericordia, sino que esperan se hagan realidad. Pues esperan que alguien les de un pan para alimentarse.

La mañana de ayer no fue la excepción. Son de diferentes edades e igualmente proceden de lugares distintos, pero todos sobrepasan los 65 años de edad. Desde muy temprano empiezan a llegar y se sientan en las gradas de ingreso al templo.

Manuel Montalvo es uno de ellos, usa un sombrero que tiene un color café, a lo mejor fue negro pero por el pasar del tiempo tiene ese color, su rostro está arrugado. Al preguntarle cuántos años tiene, el anciano responde, tengo 72 años de edad, y al consultarle si tiene familia, prefiere no responder, pero piensa un momento y contesta diciendo “sí tuve familia, pero no se dónde estén ahora mis hijos”.

Esta historia se repite en los casi más de 40 ancianos que apostados en la puerta de la Basílica La Merced, esperan por una ayuda. Ayer la familia Carlosama llegó para alimentar a los ancianos. Los adultos mayores recibieron un vaso de avena y un sánduche, lo que alegró sus rostros. “Nosotros siempre hemos ayudado ha estas personas, así llegamos con pequeños presentes para que sientan que no están solos”, dijo Nely Díaz, quien considera que cada vez va en aumento el número de personas que han sido olvidados por sus familias.

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Mientras los ancianos degustan de su desayuno nos acercamos a Carlos Paredes, él se siente feliz al ver que va a desayunar y también que va a salir en una fotografía. “Yo tengo 70 años de edad. Tengo a mi esposa, pero ella está postrada, no puede caminar. Yo vengo acá recogo cualquier cosita que me dan y luego con eso me voy llevándole para que se alimente”, dice el anciano, mientras toma un sorbo del vaso que sostiene en su mano derecha.

“Yo era albañil en mi juventud. Tengo dos hijos, pero casi nunca vienen a vernos, ellos viven en Quito. Pero un día sufrí un accidente, me caí de una altura de 8 metros y quedé mal de mi columna. Es por eso que ya no pude volver a trabajar, ahora me llegó la vejez y apenas puedo caminar”, dice el adulto mayor.

Mientras degustan de su desayuno otra persona llega y se ubica en el interior del Parque La Merced. Los adultos mayores, todos observan y se escucha una voz que dice “vengan para acá”, entonces todos se levantan y hacen fila. Se trataba de una persona que llegaba a regalarles una porción de pollo con papas.