Libros en el basurero

En épocas pasadas, aunque por razones diferentes, los quemaban. Y era un escándalo. Hoy los botan al basurero y no pasa nada. Días atrás, pasaba junto a un contenedor en el momento en que la minadora, sacaba un libro. Arrancó la pasta y arrojó las 400 hojas al basurero. Al preguntarla qué hacía, no tuvo una explicación, pero casi de inmediato descubrió unas dos docenas de libros que algún vecino había arrojado. Libros de literatura, historia, un cuaderno para enseñar a pintar a la acuarela, también de periodismo, biografías, dos o tres textos que, aparentemente nunca fueron abiertos, libros en inglés y hasta la edición 46 de las “Mil recetas de Doña Petrona”, esperaban su traslado no a una biblioteca, ni a un repositorio de libros usados, no. Su suerte era podrirse en Socapamba o en San Alfonso, donde terminan los desechos inútiles.

Finalmente, la recicladora rescató los textos.

No todos, lamentablemente. Hoy estarán vendiéndose en el mercado Amazonas, esperando algún curioso o necesitado lector.

Es probable que lo sucedido no sea algo raro o inusual. Seguramente es mucho más común de lo que se cree.

Por eso, rescato la iniciativa de Jorge Madera: crear al Banco del Libro. Un sitio al que lleguen todos los textos que familias y ciudadanos no usan ni leen, pero que entregan para que sirvan a otros y no terminen en el tacho de la basura.

Apostamos por la idea. ¿Alguna institución tal vez?