Ley de Comunicación, ni apocalipsis ni génesis

He leído y escuchado muchas opiniones de colegas acerca de las consecuencias que tendrá la Ley de Comunicación en el ejercicio del periodismo en el Ecuador. En el caso de los periodistas de los medios privados, la mayoría de esas opiniones son apocalípticas: parecería que se viene abajo el mundo, que a partir del 14 de junio pasado, cuando la Asamblea aprobó la Ley, “será casi imposible hacer periodismo porque existen unas normas que impedirán el libre quehacer profesional”.

En el caso de los periodistas de los medios públicos, la mayoría expresa satisfacción por la puesta en marcha de una Ley que los reivindica, les da la razón y pone fin “a una larga época en la que la sociedad dependía de una agenda informativa dominada por intereses particulares”. ¿El quid del asunto está en el apocalipsis o en la génesis? Me ha gustado leer y escuchar reflexiones que, aunque escasas, son dignas de acercarnos a ellas porque forman parte de un debate valioso. La Ley de Comunicación no será perfecta sino perfectible. La Ley de Comunicación no vendrá a solucionar inmediatamente todos los problemas y a solventar todas las demandas noticiosas de la sociedad en su conjunto. Pero, si somos demócratas y respetamos a la mayoría ciudadana, es imperativo recordar que su expedición y puesta en vigencia fue un mandato de la asamblea constituyente en Montecristi, refrendado años después en la consulta popular. Así que, fuera de apocalipsis y apoteosis, con los pies bien puestos en la tierra, es la hora de que más allá de la queja y los movimientos tácticos equivocados de los gremios, asumamos lo más urgente. En las salas de Redacción de todos los medios, sin distinción de ninguna naturaleza, se tendría que estudiar la ley artículo por artículo, capítulo por capítulo. Mientras se la conoce y analiza, lo más práctico sería ir entendiendo cómo enfrentar y cómo asumir y cómo adaptarse a cada norma, cada disposición y cada requisito. Con un conocimiento real y puntual de lo que se viene y con la adopción de las tareas y los deberes que corresponden a cada espacio, a cada periodista y a cada medio, no sigamos pensando, unos, que ha muerto el periodismo y, otros, que ha nacido el periodismo. 

 

Rubén Darío Buitrón
      Tomado del blog:
www.rubendariobuitron.wordpress.com