Lección democrática

El último viernes, cientos de ciudadanos, sin distingos políticos, sociales, étnicos, abarrotaron el auditorio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana para ofrecer el homenaje que Ibarra y la provincia ofrecían a un hijo de esta tierra, el doctor Julio César Trujillo. Sorpresivamente, cuando comenzaba el acto y los presentes aplaudían en pie al presidente del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio, a su comitiva, integrada por su esposa, el Fiscal General encargado y también ibarreño doctor Paúl Pérez Reina, una grosera turba, que muchos reconocieron como correísta, irrumpió en el sitio y al grito de “Trujillo dictador”, pretendió boicotear el homenaje ciudadano. La oportuna intervención de una agente de Policía y un miembro de seguridad impidió el acceso de los agresivos manifestantes al interior del auditorio, en el que, luego de unos minutos, en medio de aplausos y voces de respaldo se inició el programa de reconocimiento a la trayectoria cívica y humana del doctor Trujillo. El incidente resultó un fiasco para el correísmo. El homenaje, sirvió, lo dijo Enrique Ayala Mora, para demostrar que el país vivía otra época, de respeto y tolerancia, una etapa democrática. Nueva época que contradice totalmente la que vivió el país en la época correísta. Resultaba irónico y risible escuchar gritarle dictador a Trujillo, a quienes durante diez años guardaron un vergonzoso y cómplice silencio cuando quien ejerció la presidencia, de manera intolerante demandaba sanciones a quienes expresaban una crítica al mandatario. Esa historia la olvidaron. Al contrario, nadie, en el auditorio, presidido por un sereno Trujillo, pidió castigo, cárcel o juicio penal para los del bochinche, ni calificó de malcriados o terroristas a los nostálgicos de un régimen autoritario, atrabiliario, ese sí, dictador. Qué pena para Imbabura si, como mencionan las redes, entre la turba era fácil identificar personajes que hace diez años vivían de los anticipos, o preparaban maletas para buscar fortuna fuera del país. Son los que añorando un régimen corrupto, quisieron opacar el homenaje a la entereza y la honestidad.