Las andanzas de Quique y Catulo

caricaturaIBARRA. La caricatura ha sido desde la aparición de  nuestro rotativo un elemento importantísimo para conocer, expresar y transmitir la opinión que un sector de la población tiene sobre sus gobernantes. Y desde sus inicios no ha faltado la caricatura en las páginas de opinión que siempre han estado llenas de ironía, picardía y sobre todo de criticidad de alto nivel.

El caricaturista. El escritor imbabureño Juan F. Ruales describe que cuando Enrique Vallejos se metió a estudiar bellas artes en procura de llegar a ser un gran pintor, en el camino se le cruzó Catulo y no le dejó pasar, le obligó a permanecer en el dibujo y del dibujo saltar a la parodia y una vez que cayó en sus resbaladizas postrimerías, Enrique ya no pudo escaparse jamás, ahí se quedó transfigurado, cambiado de nombre, de mirada y a partir de entonces tradujo su vocación izquierdista al lenguaje de la crítica visual, de la caricatura, de este “arte” periodístico que es bastante difícil pues, a diferencia de quienes escribimos, el caricaturista debe manejar una enorme capacidad de síntesis para decir en breves rasgos lo que acaso los escritores solo podemos decirlo mediante largos y retóricos discursos.

La figura de Quique. ”La prueba de ello es que no hay otro caricaturista en Imbabura, o al menos no se lo ve y, si se lo ve, no ha logrado perfilar un discurso convincente que nos permita identificarlo como identificamos a Quique…y a Catulo.

La figura de Quique está estrechamente entrelazada al Diario del Norte, nacieron casi juntos, como siameses, han permanecido juntos y, si los cálculos no me fallan, en todo este período Quique habrá traspasado las 8 600 caricaturas o estará tan cerca de hacerlo que quien sabe si está disputándose un record de resistencia de caricaturismo”, asevera Ruales.

Las sátiras. Una caricatura es una historia incisiva, es una diatriba, es una operación a corazón abierto de la realidad nacional y regional. Para ello, el caricaturista tiene que estar informado sobre los diversos acontecimientos del mundo, del país, de la ciudad. Sus sátiras valen tanto en cuanto son contemporáneas, las caricaturas meten el dedo en la llaga aun sangrante para hacerla sangrar más y obligar al lector a tomar conciencia de lo que está pasando a su alrededor.

El caricaturista es al mismo tiempo testigo y fiscal, víctima de la historia que le tocó vivir y verdugo de personajes nefastos que a su juicio atentan contra los pueblos, contra la historia, contra la patria. Y Quique ha sido en el Diario del Norte eso, el cazador de siluetas a las que hay que ensalzar cuando se merecen, advertir si les hace falta y la mayoría de veces desenmascarar ante la vindicta pública para que sea el pueblo,  quien los castigue.

“Me precio de ser su amigo ya cuatro décadas y aspiro a que en estas bodas de plata de Diario EL NORTE, Quique y Catulo refrenden su compromiso con las nobles causas que este diario importante impulsa desde hace un cuarto de siglo”, puntualiza Juan F. Ruales.