La voz del pueblo

El proceso de elecciones que se realizó el pasado domingo deja muchas lecturas y de ellas deben aprender los triunfadores, pero sobre todo, quienes en el ejercicio del poder buscaron reelegirse pero no pudieron, porque sencillamente el pueblo -al que tanto mentan en campaña y al que le desilucionan permanentemente- les dijo no en las urnas. En democracia la voz del pueblo reflejada en el voto, tiene un grado de dignidad muy alto al que no se puede transgredir, engañar o manipular.

La voz del pueblo es la voz de Dios y fue precisamente ese pueblo el que confiado en su análisis depositó su confianza en quienes cree que le van a diseñar un nuevo esquema vivencial, basado obviamente en procedimientos éticos y valores que eleven de categoría a las ciudades, cantones, juntas parroquiales y provincias del país. La voz del pueblo expresa claramente que no desea patrones, que no entrega una patente de corso para que los elegidos hagan y deshagan a su arbitrio, que no haya un autoendiosamiento, que no se olviden de la gente cuando asumen un cargo y peor que a espaldas de ese pueblo crean que pueden engordar los bolsillos ilícitamente, cuando los ciudadanos aún tienen limitaciones sociales. El domingo anterior ganó la democracia, pero sobre todo se impuso la voz del pueblo.